Juega, imagina y vuela: vive.
¿Quién, adulto o niño, no está, aunque sea en mínimo de conocimiento de la tecnología de los videojuegos de hoy? ¿Quién no ha sucumbido al nuevo mundo de arte interactiva que nos ofrecen títulos como WOW, Crysis, Call of duty 4, The sims 3, y una centena más que por no mencionar aquí no quiere decir que estén en menor estima?
Es que cada vez el entorno gráfico, el realismo de los movimientos de los personajes, sumada a las increíbles aventuras en las que se lanzan, nos despiertan ciertos interrogantes que no quedan soslayados por la vida cotidiana y sin estímulos en la que vivimos, por no mencionar vacía.
Porque posiblemente en los videojuegos tan completos e íntegros que tenemos ahora se encuentren los últimos bastiones de una sociedad que por temor o vergüenza nose arriesga a romper con la viciosa cúpula en la que nos ha encerrado la cultura paupérrima que nos asfixia cada vez más con su consumismo (que por cierto ha llegado a niveles alarmantes para la salud mental de todos), y el progreso de la imagen en contra del enriquecimiento espiritual. Todo se hace según la receta del mercado o no se hace.
En los videojuegos encontramos al héroe y en poco tiempo de haber comenzado a jugar, levemente distinguimos las fronteras que nos separan del personaje. Y esto no es por falta de personalidad, inseguridad ni cualquier otro cliché que la convención corriente tiene para decir, nos convertimos en el personaje porque él o ella vive las emociones al límite de la misma manera que nosotros desearíamos.
Pero cuando volvemos a la realidad, la voz de la sensatez cobarde que se disfraza de sabia, nos inserta de nuevo dentro de los días hábiles de la semana. En los videojuegos puedes ser el salvador, puedes asesinar, puedes volar, puedes soñar (hasta esto último nos parece cada vez más extraño en nuestras vidas), podemos sufrir las mayores penurias y luego sortear los más terribles peligros.
Podemos morir y enfrentar la muerte como un nuevo renacer. En pocas palabras, en los videojuegos podemos ser todo lo que queremos y más, y lo más importante, ponemos nuestros sueños a actuar frente a nosotros mismos, y por un par de horas nos olvidamos de una vida ahogada por el trabajo y obligaciones fútiles. Sueñen amigos. Por favor. Son muy pocos los años que se nos ha dado en este mundo. Busquen la felicidad, busquen la sonrisa, hagan aquello que los haga oír esa intensa canción que viene desde adentro de uno mismo y que contiene el néctar de toda la creación. Embriáguense de sus pasiones. Siempre.