Durante el último año, las redes sociales han revolucionado internet hasta el punto que la famosa frase para ligar, tan tecnológica, “me pasas tu messenger”, ya ha pasado de moda.
Durante el último año, las redes sociales han revolucionado internet hasta el punto que la famosa frase para ligar tan tecnológica: “me pasas tu messenger” ya ha pasado de moda. Ahora, las redes sociales como Tuenti, Bados o Facebook son los recursos que utilizan la mayoría de internautas para comunicarse con sus amigos, familiares, compañeros de trabajo y conocidos.
Pero cuando hablamos de internet es obligado hacer referencia a la seguridad. No sólo hay ladrones, abusadores y asesinos en la calle. Internet ha modernizado también el mundo de la delincuencia y estos son cada vez más cerca de conseguir sus objetivos. Es por este motivo que la mayoría de redes sociales disponen de un sistema de aceptación de amistades, requisitos, derechos y normas, y un sistema de denuncia.
Pero con esto no basta. Muchos jóvenes utilizan estas redes como chats, para conocer gente. Hay que decir que la función de estas redes no es exactamente este, sino mantener el contacto con los conocidos. Cuando esto ocurre, las redes sociales se vuelven peligrosas. Con aceptar un contacto en Facebook, por ejemplo, puedes acceder directamente a todo el contenido de fotografías, comentarios e información de éste. Por eso se recomienda (debería ser obligatorio) no añadir ninguna dirección ni teléfono de contacto. Aunque esta información puede ser útil en algunos casos, se puede girar en nuestra contra para ser utilizado como un abuso para nosotros.
Así pues, los primeros casos de denuncias dentro de las redes sociales no han tardado en llegar. Desde la denuncia de una joven novayorkina, hasta clubes mafiosos.
Por tanto, hay que estar alerta de cómo se utilizan estas redes. Nos pueden extraer toda la información que necesitan saber, pueden descubrir cómo somos, nuestros gustos, nuestras costumbres. Pero sobre todo, no debemos dejar que los viejos costumbres de reencontrarnos con antiguos compañeros o conocidos pasen a segundo plano ante la potente era de la tecnología. Porque hay un mundo (real) detrás de la pantalla, porque todo lo de más, son circuitos integrados y ondas electromagnéticas que nos están comiendo de alguna manera el cerebro.