Es maravilloso porque nos perdona nuestras faltas y fallas, porque es bondadoso con todos aquellos que le obedecen y cumplen la ley, nos guía por el camino, la luz, la verdad y la justicia.
En el momento de creer no hay ninguna acción de fe, mientras que en la certeza siempre hay una actitud y aptitud de la acción que se está realizando, es decir, hay convicción por lo que se está realizando. “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?” (Santiago 2: 14).
Pocas veces nos ponemos a reflexionar en las palabras “el reino de Dios”, pero si nos detenemos a meditar un momento nos surgen varias preguntas. Basados en la Biblia damos una explicación de cómo podemos vivir dentro de ese reino.