El tiempo ordena los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Un pasado, que ni me acuerdo…
Tic, tac, suena el reloj de la torre, suena sin saber que suena. “¿Qué toca?”, preguntan; alguien entrometido gritó: “Son las doce”.
Como un reloj marcando cada minuto de agonía, como cada segundo deseando disfrutar del presente, como cada hora pensando qué hubiera pasado si te lo hubiera dicho antes de salir.
Una muy buena idea para reciclar esos CDs que ya no usamos.
La ineptitud de individuos que cubren lugares donde se decide sobre el destino de mucha gente.
¿Por qué el día tiene 24 horas? ¿Por qué el minuto tiene 60 segundos? ¿Por qué, Dios? ¿Por qué, eh?
Este muy misterioso reloj estaba situado al centro de la gran habitación, y como curiosidad, nunca había dado las doce.