“Cada mañana, decenas de infortunados hacen cola frente al portón trasero del templo aguardando la caridad que brinda el buen corazón del hermano José”.
Hay en el mundo un sentimiento de orfandad ante el avance destructor del caos en sus más diversas formas, como si estuviéramos huérfanos de Dios y expuestos sin remedio a nuestra propia maldad. Y frente a ese escenario triste surge la vieja pregunta por Dios.