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	<title>Autorneto &#187; cubo magico</title>
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		<title>Historias de oficina</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Apr 2009 08:11:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><a target="_blank" href="http://www.triond.com/users/Marceloq">Marceloq</a></dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[anecdota]]></category>
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		<category><![CDATA[cuatrerismo]]></category>
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		<description><![CDATA[Una historia verídica entre compañeros de oficina, perros y gatos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pasemos ahora a los a&ntilde;os ochenta y los recuerdos graciosos en la floreciente democracia, encontr&aacute;ndome nuevamente con mi segunda familia, con quienes est&aacute;bamos obligados a pasar la mayor parte del d&iacute;a juntos a pesar de las diferencias y similitudes compartidas, dentro de una estructura de hormig&oacute;n que no tard&eacute; en denominar &#8220;el cubo m&aacute;gico&#8221;.</p>
<p>Esto no es un juego de ingenio. Es un recinto de 75 metros c&uacute;bicos de volumen, donde ocurrieron un sin fin de hechos divertidos y conflictivos. Una de sus paredes lindaba con el exterior a trav&eacute;s de una gran ventana cuya &uacute;nica visi&oacute;n era, parad&oacute;jicamente, una instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica.</p>
<p>Estaba construido de la siguiente manera: pose&iacute;a dos puertas, una para entrar y salir, la otra conduc&iacute;a al infierno o al cielo, seg&uacute;n la ocasi&oacute;n.</p>
<p>Nueve almas estaban atrapadas en ese purgatorio e interactuaban a trav&eacute;s de las tinieblas creadas por el efecto del tabaco ardiente. La ventana estaba dividida en nueve rect&aacute;ngulos de vidrio. Los de la fila inferior dispon&iacute;an de un mecanismo que abr&iacute;a o cerraba completamente la columna conformada por tres paneles verticales.</p>
<p>Yo me ubicaba en uno de los rincones y de espaldas a esta ventana. Frente a mi escritorio y en posici&oacute;n perpendicular se encontraba el escritorio de un abogado al que apod&aacute;bamos &#8220;el perro&#8221;; personaje solter&oacute;n, r&iacute;gido e insoportablemente meticuloso.</p>
<p>A mi derecha y arriba colgaba de la pared una maceta con un hermoso Potus verde amarillento. Este, era cuidado con mucho amor por el mencionado c&aacute;nido.</p>
<p>A nuestro jefe todos lo llam&aacute;bamos Palito, y su presencia santificaba el picaporte que conduc&iacute;a a su despacho.<br />Su manifiesta paranoia afloraba de vez en cuando bajo la forma de un complot administrativo, posiblemente generado por las distorsiones electromagn&eacute;ticas del cubo en el cual hab&iacute;a sido empollado. Solo se calmaba dici&eacute;ndole: &#8220;Palito&#8230; pens&aacute; esto mismo ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana cuando est&eacute;s bien descansado, ver&aacute;s que todo tendr&aacute; un significado diferente&#8221;. Por supuesto, ese comentario era de otro paranoico a&uacute;n mas experimentado, yo mismo.</p>
<p>Manejaba un Ford Falc&oacute;n verde al que cuidaba con mucho romanticismo. Para evitar su robo le puso en sus cuatro ruedas tuercas de seguridad y adem&aacute;s un soberbio traba volante rojo. A&uacute;n recuerdo su expresi&oacute;n cuando le robaron el coche con una gr&uacute;a.</p>
<p>Retomando el hilo de la historia, todos sabemos que los perros han sido glorificados por su amistad incondicional y este estuvo muy lejos de ser el voraz carn&iacute;voro que es actualmente, siendo el art&iacute;fice material de todas las ocurrencias que llev&aacute;bamos a cabo, muchas veces trascendiendo los limites del cubo m&aacute;gico. Posiblemente haya sido la alquimia de este recinto quien lo transform&oacute; en un metal pesado.</p>
<p>Ideas brillantes han surgido de su instinto animal, quiz&aacute;s muchas veces mientras paseaba por las calles platenses, como por ejemplo la vez que untamos las paredes del ba&ntilde;o p&uacute;blico con dulce de leche y le dejamos trozos de papel higi&eacute;nico pegado en los azulejos. O el d&iacute;a que pusimos una caja sellada con un ladrillo adentro frente al ascensor simulando una bomba, y a la que un ordenanza intentaba detonar con un palo para sacarse la duda de si ese elemento iba a explotar o no (estaba peor que nosotros). </p>
<p>Frente a &#8220;Pat&aacute;n&#8221; se ubicaba &#8220;Pepe&#8221;, pero en otra dimensi&oacute;n (el turno tarde). Muchachito de barrio, gordito y bonach&oacute;n, dispuesto a colaborar con toda maniobra siniestra sin cuestionarse demasiado el prontuario de su ocasional ide&oacute;logo. Esto lo llev&oacute; a vivir una experiencia que result&oacute; bastante traum&aacute;tica en su vida. Lo invitaron a una sesi&oacute;n de cuatrerismo campestre. El hamp&oacute;n era amigo de un amigo. Su trabajo en esta banda consist&iacute;a en poner a su disposici&oacute;n un auto, obviamente propiedad de su padre (un Falcon rojo de techo vin&iacute;lico e impecable en todas sus formas).</p>
<p>En pleno desarrollo del il&iacute;cito, que consist&iacute;a en atrapar lechones en una quinta cercana a una de las tantas rutas de las afueras de la Ciudad, los gritos de los desdichados puerquitos despertaron al due&ntilde;o de la propiedad, quien sali&oacute; armado con una pistola, y a la voz de &#8220;&iexcl;Qui&eacute;n anda ah&iacute;!&#8221;, comenz&oacute; a disparar. En una estresante huida, el aprendiz de malhechor logr&oacute; escapar con sus secuaces llegando sano y salvo a su hogar, donde guard&oacute; el auto en el garaje sigilosamente para no despertar a su pap&aacute;, advirtiendo en ese momento que un impacto de bala perfor&oacute; el guardabarros trasero del coche.</p>
<p>Al d&iacute;a siguiente se levanta tranquilo en el horario del almuerzo y se sienta a la mesa para disfrutar de ese momento familiar&#8230; Pero algo sucedi&oacute;. Su hermana Carolina enciende el televisor en el canal de las noticias donde un periodista interroga a un propietario de quinta que hab&iacute;a sido asaltado por una banda de delincuentes. A su padre le llam&oacute; la atenci&oacute;n esta nota concentr&aacute;ndolo en el tema.</p>
<p>La v&iacute;ctima describi&oacute; que el atraco ocurri&oacute; por la noche pero pudo visualizar a los mal vivientes huyendo en un flamante Ford Falcon rojo de techo vin&iacute;lico. Mientras tanto Pepe miraba la televisi&oacute;n observando a su progenitor. La tonalidad de su rostro tom&oacute; diversos colores en el transcurso de minutos, en el que su padre hac&iacute;a comentarios funestos sobre ese tipo de gentuza, a quienes habr&iacute;a que matarlos sin juicio previo.</p>
<p>Nunca sospech&oacute; de su hijo ni se enter&oacute; de la historia, pero a Pepe se le qued&oacute; atravesado el pollo en la garganta por una semana y lo regurgitaba cada vez que ve&iacute;a el orificio de bala del guardabarros trasero.<br />Decidi&oacute; abandonar el cuatrerismo. Vender art&iacute;culos robados era un negocio menos riesgoso y m&aacute;s rentable. Su primer cliente fue &#8221; el perro&#8221;, quien le compr&oacute; una video grabadora a mitad de precio.</p>
<p>Como ya sabemos, Carolina es la hermana del ap&oacute;stol Pepe. Trabajaba con nosotros en la misma oficina y compart&iacute;amos el mismo turno. Era una chica rellenita y con un noviazgo que arrastraba pr&aacute;cticamente desde su infancia.</p>
<p>En una ocasi&oacute;n comenc&eacute; a advertir que estaba adelgazando a pasos agigantados, fen&oacute;meno que llam&oacute; mi atenci&oacute;n y me acerc&oacute; a dialogar m&aacute;s con ella. El motivo de esta metamorfosis metab&oacute;lica que desterraba poco a poco los componentes lip&iacute;dicos de su cuerpo era la ruptura con su novio de toda la vida, quien hab&iacute;a ca&iacute;do bajo los influjos m&aacute;gicos de una nueva doncella que se alojaba en un clon vecino a nuestro habit&aacute;culo.</p>
<p>Muchas cosas me resultaban extra&ntilde;as, sobre todo cuando me pon&iacute;a a conversar, espor&aacute;dicamente, con su ex pareja.</p>
<p>Superado el drama emocional por parte de ella y luego del matrimonio consumado por este noble caballero y su flamante princesa, comenz&oacute; a explicarme los motivos y argumentos que hab&iacute;a utilizado la Lady para quit&aacute;rselo.</p>
<p>Grande fue mi asombro cuando descubr&iacute; que su estrategia se basaba en hacerle creer a Sir Lancelot que Carolina sal&iacute;a conmigo, de lo cual yo no estaba ni enterado. Ah&iacute; me di cuenta que el estado civil era caldo de cultivo para los asuntos amorosos de mis cong&eacute;neres.</p>
<p>El tiempo pas&oacute; y un d&iacute;a de aquellos me encuentro con que en uno de los vidrios inferiores de la ventana que daba a mis espaldas hab&iacute;a pegado un cartel con la siguiente leyenda:</p>
<p>&#8220;Dejad las ventanas abiertas por las plantas. Fdo. EL REY.&#8221;</p>
<p>Obviamente lo hab&iacute;a escrito el jardinero letrado de la oficina apodado &#8220;el perro&#8221;.</p>
<p>La ventana estaba entreabierta para permitir una buena aireaci&oacute;n del lugar que favoreciera a su mascota vegetal, a la que ni siquiera nombre le hab&iacute;a puesto. Su delirio de grandeza me incitaba a convertirlo en una fiera a trav&eacute;s de una transmutaci&oacute;n ps&iacute;quica, por lo que proced&iacute; de la siguientes manera: Quite cuidadosamente el &#8220;papiro real&#8221; de la ventana y con su propia m&aacute;quina de escribir le agregue las siguientes tres palabras: &#8220;<strong>de los trolos&#8221;</strong>.</p>
<p>Al d&iacute;a siguiente ingreso nuevamente a la oficina y encuentro que el cartel hab&iacute;a sido cambiado por la siguiente leyenda, digna de un plebeyo:</p>
<p>&#8220;Dejad las ventanas abiertas por las plantas&#8221;.</p>
<p>Pat&aacute;n hab&iacute;a renunciado a su t&iacute;tulo de nobleza. Decid&iacute; devolverle el trono; quit&eacute; la hoja del juglar y le agregu&eacute; lo siguiente:</p>
<p>&#8221; Fdo. EL REY&#8221;.</p>
<p>Al otro d&iacute;a, nuevamente, y como todos los d&iacute;as, ingreso al sagrado recinto y me encuentro &#8220;con que no me encuentro con nada&#8221;. La ordenanza real hab&iacute;a sido revocada, y para disimular la existencia de un estado an&aacute;rquico tom&eacute; una hoja y escrib&iacute; en ella:</p>
<p>&#8220;Dejad las ventanas abiertas por las plantas&#8221;. </p>
<p>Al otro d&iacute;a me encuentro con que el cartel a&uacute;n segu&iacute;a all&iacute;. Pero intu&iacute;a que el carn&iacute;voro estaba al acecho y su plato de dogui era yo. Hab&iacute;a llegado el momento de ocultarme en mi madriguera. Afortunadamente me correspond&iacute;a una semana por permiso de ex&aacute;men.</p>
<p>Me tom&eacute; esos d&iacute;as y regres&eacute; contento al trabajo un d&iacute;a martes deseoso de encontrar un clima agradable, de &iexcl;olvido y de perd&oacute;n!. Pero encontr&eacute; un cambio muy profundo en la atm&oacute;sfera del lugar. El olor a azufre quemado indicaba que el purgatorio hab&iacute;a pasado a la categor&iacute;a de infierno, y que la fiera, desesperada y hambrienta, hab&iacute;a sido tentada accidentalmente por uno de los ap&oacute;stoles del mal con un plato sin comida. Sucedi&oacute; que durante mi ausencia, Pepe, en un acto de inconciencia, escribi&oacute; en uno de los armarios met&aacute;licos rasp&aacute;ndolo con una moneda una verdad absoluta que dec&iacute;a: &#8220;<strong>perro buchon&#8221;,</strong>lo que llev&oacute; al damnificado a labrar un acta por da&ntilde;os a bienes p&uacute;blicos y contra su persona, reconociendo adem&aacute;s que ese era su apodo y convencido de que quien hab&iacute;a escrito semejante barbaridad era yo, por lo que tenia el huesito en su mand&iacute;bula. Durante mi ausencia, fue al turno tarde para atraparme y se encontr&oacute; con que su v&iacute;ctima gozaba de licencia, argumento que no lo convenci&oacute; de ninguna manera afirmando a la &#8220;Santa Inquisici&oacute;n&#8221; que el imputado hab&iacute;a ingresado en esos d&iacute;as para cometer ese horripilante delito, por lo que el Sumo Pont&iacute;fice le contest&oacute;: &#8220;Vos no sos tan importante para que se tome el trabajo de venir a la oficina estando de franco, yo s&eacute; muy bien quien fue el culpable y no te lo voy a decir, solo quiero que sepas que a &eacute;l no le cabe ninguna responsabilidad&#8221;.</p>
<p>Vaya a saber en que estado de confusi&oacute;n y perplejidad lo sumergi&oacute; la ausencia de un responsable directo, generando un vac&iacute;o incontrolable satisfecho con las m&aacute;s oscuras fantas&iacute;as que lo llevaron a tomarse un mes de licencia psiqui&aacute;trica y a ingerir bocadillos reales que no eran precisamente alimento para perros, sino ansiol&iacute;ticos de alto voltaje.</p>
<p>Mientras tanto el Potus, &uacute;nico responsable, continu&oacute; su vida sin nombre.</p>
<p>A su reintegro, mucho m&aacute;s aplacado (y medicado) prosigui&oacute; con su vida se&ntilde;orial. El tiempo pas&oacute;, su medicaci&oacute;n psiqui&aacute;trica fue suspendida. Una tableta completa permaneci&oacute; casi al olvido en uno de los cajones de su escritorio&#8230; El resto es informaci&oacute;n clasificada.</p>
<p>Como consecuencia del encierro descarg&aacute;bamos esta lujuriosa tensi&oacute;n con inocentes hechos vand&aacute;licos manteniendo nuestra visi&oacute;n hacia un objetivo muy claro: el psiqui&aacute;trico que estaba frente a nuestra ventana al otro lado de la calle.</p>
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