Lo que sí es seguro es que tenía una fascinadora forma de conversar y una voz dulce. Sutileza y agilidad de palabras. Hablaba seis idiomas y era muy documentada en historia, literatura y filosofía griega.
La persona que es buena escuchando no siempre está pendiente de lo que su interlocutor cree que dice, sino de lo que éste, sin darse cuenta, manifiesta o revela sobre sí mismo al dialogar.
Al ponerse en contacto dos personas, en forma sincera e intensa, ambas se animan y rejuvenecen.
Una imagen digna de un desplegado de primera plana, Carla Bruni recibe y conversa con el Dalai Lama.