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Vivir con el síndrome de Asperger

Historia verdadera.

Quieren tener amigos, pero no se les es fácil entablar conversaciones; sin embargo, pueden hablar durante horas de su tema preferido. Siguen una rutina rígida y se alteran cuando se la cambian. A menudo se sienten ansiosos y desilusionados, y hay veces que se deprimen.

Nadie los comprende. Los tildan de raros, difíciles o hasta maleducados. Les cuesta entender los pensamientos y emociones de los demás, sobre todo por su incapacidad para leer las expresiones faciales y el lenguaje corporal. A estas situaciones difíciles se enfrentan constantemente las personas afectadas por el síndrome de Asperger.

Aunque sus aspectos es el de una persona normal, y son muy inteligentes, padecen un trastorno del desarrollo de carácter neurológico que afecta su manera de comunicarse y relacionarse con la gente. El síndrome presenta diversos síntomas y produce distintos efectos en cada paciente; pese a todo, es posible aprender a vivir con él, como lo demuestra la historia de Claire.

¡Por fin un diagnóstico!

De niña, Claire era muy callada e introvertida, no miraba a la cara a personas y le tenía miedo a las multitudes. Adquirió un excelente dominio del lenguaje a tierna edad, pero utilizaba el menor número de palabras y hablaba con voz monótona. Le gustaba seguir una rutina estricta y se desesperaba cuando la cambiaban.

En el colegio, los profesores se impacientaban con ella porque pensaban que su comportamiento inadecuado era intencional, y sus compañeros la molestaban. También su madre sufría, pues la gente la culpaba de su conducta; al final, término impartiéndole en casa los últimos años de enseñanza media.

Claire tuvo varios empleos, pero siempre los perdía por que era incapaz de adaptarse a los cambios en la rutina y su rendimiento no era esperado. En su último trabajo, que fue una residencia de ancianos, la supervisora noto que algo raro pasaba. Finalmente, con 16 años, le diagnosticaron el síndrome de Asperger.

Por fin, la madre de Claire supo por que su hija actuaba de forma diferente. Un amigo busco información sobre el síndrome, y cuando Claire la leyó, pregunto asombrada:” ¿De verdad yo soy así?”. La oficina de servicios sociales recomendó una terapia ocupacional. Chris, un especialista en tratar casos como el de Claire, se encargo de que Claire trabaje en grupo en el edificio en donde trabajaba Chris.

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