Tomemos conciencia de la gravedad de esta enfermedad y pongamos en práctica recomendaciones mínimas que nos pueden librar de este mal.
Debido a la falta de información, la mayoría de personas en nuestro medio, ha tomado el tema del SIDA como algo sin importancia y, en muchos casos, tan solo se le tiene en cuenta para inventar chistes y gracejos, que no solo divierten sino que minimizan la enfermedad, tornándola aún más peligrosa ya que al no entender la gravedad que ésta representa se facilita enormemente su expansión.
Para indicar de una manera clara la proporción de este terrible mal, se ha comparado con la magnitud de un iceberg, es decir, con una enorme masa de hielo proveniente de un glaciar.
La parte visible que emerge del agua es sumamente pequeña (número de pacientes que experimentan los síntomas causados por el SIDA) en relación a la colosal mole que permanece oculta (cantidad de personas que tienen SIDA y no sienten nada, pero que están transmitiendo la enfermedad). La comparación se hace señalando en esta forma la tremenda diferencia que hay entre el número de infectados que ya han desarrollado la afección y los que están contaminados por el germen pero que aún no experimentan sintomatología alguna. Es decir, que todavía no evidencian ninguna señal de poseer el virus, pero con su sangre, su semen o su secreción vaginal ya están transmitiendo el mal aceleradamente. Éstos últimos son los llamados “enfermos asintomáticos” o “portadores sanos”
Para evitar el SIDA, es esencial tener en cuenta cuáles son los medios de transmisión, para evitar así toda posibilidad de infección, además saber exactamente cuáles son los actos que parecen ser riesgosos pero que no lo son. Así se podrán evitar los primeros y pasar inadvertidos los segundos.
Hay individuos que prefieren ignorar completamente la existencia de la enfermedad, hay otros que viven prevenidos de todo y contra todo, temiendo permanentemente que cualquier actividad les pueda infectar.
Las secreciones de líquidos como: saliva, lágrimas, sudor, mucosa nasal, orina o materia fecal, NO transmiten el virus.
La infección se produce cuando los líquidos de sangre, semen o secreción vaginal están contaminados con el VIH y entran en contacto con alguna herida, laceración o fisura de alguna persona, lo cual permitirá que el virus penetre en su torrente sanguíneo, infectando así al individuo. Cualquier tipo de secreción que contenga pus es también altamente infectante.