Seguro que al ver a alguien con los abdominales de acero pensás en dietas para morirse de hambre y en rutinas de ejercicios tan largas como imposibles. Pero con estas pautas vas a conocer que tener la panza chata y dura no tiene por qué ser tan difícil. Aquí tenés un procedimiento perfecto para ganarle a tu metabolismo.
Avena:
Huevos:
Pollo y otras carnes magras:
Maní:
Aceite de oliva:
Panes y cereales integrales:
Proteína en polvo:
Frutillas y otros frutos rojos:
Frutas cortadas, yogurt o leche descremada, proteína en polvo, hielo y otros ingredientes mágicos de la lista de “superalimentos” pueden sustituir una comida o funcionar como colaciones potentes. Necesitás pocos minutos para armarlos y, a cambio, te dejan bien satisfecha. Así que invertí en una licuadora y preparate batidos de desayuno, después del gym o de postre.
Comiendo los 12 superalimentos y sus derivados, ellos por sí mismos van a contar las calorías por vos. Te van a mantener sana y con sensación de saciedad. Además, los que más energía te dan son riquísimos. Un consejo? Es muy recomendable, especialmente al principio, cuando estas más vulnerable y ajustándote a una nueva forma de alimentarte, que te concentres en el tamaño de las porciones.
Lo que te conviene es limitar la cantidad de algunos manjares, sobre todo de aquellos que son altos en grasa (como el maní) y carbohidratos (como el arroz y el pan). Un buen tip: elegí uno o dos ingredientes por comida y sólo servite una porción que no supere al equivalente del diámetro interno de un pato playo.
Tené en cuenta que el alcohol puede meterte en problemas. No te hace sentir llena, por lo tanto no disminuís la cantidad de comida que ingerís. De hecho, el alcohol hace que tu cuerpo queme un 36% menos de calorías y hace que fijes las grasas. Además, puede inhibir la producción de hormonas que ayudan a incinerar las grasas y a formar músculos. Si no te querés privar de tu copita de vino tinto, limitate a dos o tres vasos de alcohol por semana.
Puede que el agua no tenga tanto sabor como una cerveza helada, pero tomando ocho vasos de agua por día obtenés infinitos beneficios: colabora a mantenerte saciada; nivela los deshechos que produce tu cuerpo; transporta nutrientes hacia tus músculos para conservar tu metabolismo equilibrado. Y si no sos una fanática del agua, las mejores bebidas para sustituirla son la leche descremada o el té verde.
Nunca te aconsejaría engañar a tu pareja o evadir impuestos, pero quiero que hagas trampa con esta dieta. Elegí una comida por semana y olvidate de los carbohidratos y las grasas. Comé pizza, tu chocolate preferido, una milanesa con papas fritas, o lo que sea que extrañes. Pensá que es una pequeña recompensa por todo el esfuerzo de la semana.
Y… disfrutá.
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