Montevideo, julio de 2009.
La mañana de este día gris, no invita a salir ni siquiera para ir a trabajar. La lluvia baña copiosamente la ciudad y el frío cada vez es mas intenso. Aún así, se hace necesario el movimiento citadino, con los apretujeos de los ómnibuses donde la gente se hacina como ganado,presurosa para llegar a su lugar de trabajo.
En las horas matinales,no hay mucha gente paseando, aunque sí, muchas personas van a una consulta médica debido a la pandemia que azota sin piedad en todo el mundo y que, como era de esperarse, llegó también hasta nuestro país y a nuestra ciudad. Montevideo está triste, la gripe A. H1. N1. ha llegado para establecerse y está calando en los ánimos de las personas. Las noticias del día anuncian que el número de fallecidos es de veinte personas y que el ochenta por ciento de los casos de gripe consultados son del tipo AH1N1.
El día anterior, yo también concurrí al hospital. Acompañé a mi hijo que está atravesando por un estado gripal. De más está decir que en el camino me asaltaron toda clase de temores y aprensiones, pero por fortuna se trata de una gripe común. Lo que me llamó la atención y me motivó a escribir este relato fue la pronta respuesta en lo que se refiere a la atención.
Cuando salimos de casa, íbamos con la idea de perder muchas horas en la sala de espera, algo muy común en los últimos tiempos, pero, para nuestra grata sorpresa, al llegar, un guardia de seguridad nos interceptó en la puerta y luego de informarle sobre el motivo de nuestra visita, nos derivó inmediatamente a una precaria oficina desde donde luego de algunas preguntas básicas para llenar un formulario, nos derivaron a su vez, a un área del hospital donde se leía en el vidrio de una puerta, un cartel que rezaba:”Sólo pacientes respiratorios“.
El interrogatorio en cuestión fue escueto y preciso:¿Dolor de garganta? ¿Dolor de cabeza? ¿Dolores musculares? ¿Fiebre?. Acto seguido, y luego de que mi hijo respondió “Sí” a todas las preguntas, le entregaron una mascarilla y lo mandaron al área de policlínicas citada anteriormente. Allí, había cuatro o cinco personas esperando atención, por lo que hubo de esperar no más de cincuenta o sesenta minutos a que el médico le atendiera.
Esto no es de despreciar, a mi parecer, es algo que hay que valorar ya que los uruguayos estamos acostumbrados a hacer largas colas y a esperar muchas horas por lo general para una consulta en un hospital público. Hoy estamos en casa más tranquilos, mi hijo con reposo recomendado por el médico y con una serie de medicamentos, pero sin temores extras que añadir a la ya incómoda gripe.
Este testimonio, lo único que pretende es alentar a las personas a que consulten, por esta vez les digo que si tuviera que calificar con estrellas la celeridad de la atención médica en uno de nuestros hospitales públicos, ante un tema tan delicado como es esta pandemia, mi calificación sería de cinco estrellas.