Comienzo escribiendo sobre lo que es, para luego contarles sobre los inicios en Argentina y en mi ciudad, Bahía Blanca.

Alcohólicos Anónimos (A.A.) es una comunidad de hombres y mujeres de toda condición social que se reúnen con el único propósito de lograr y mantener la sobriedad, compartiendo su mutua experiencia, fortaleza y esperanza. El único requisito para pertenecer a esta sociedad es el deseo de dejar la bebida. Para ser miembro de A.A. no se pagan derechos ni cuotas; nos mantenemos con nuestras propias contribuciones. A.A. no pertenece a ninguna secta, religión, partido político, ni a organización o institución alguna; no desea intervenir en ninguna controversia ni tampoco apoya o combate otras causas. Nuestro fin primordial es mantenernos sobrios y ayudar a otros alcohólicos a alcanzar el estado de sobriedad.
El alcohólico, según la Organización Mundial de la Salud, es “aquel bebedor excesivo, cuya dependencia del alcohol ha llegado a tal grado que se manifiesta una notable perturbación mental o una alteración de su salud física y mental, sus relaciones interpersonales y su adecuado desempeño social y económico, o quienes muestran señales prodrómicas de tales avances. Por lo tanto, requieren tratamiento”.
El alcohólico es uno de los ejemplares más raros desde el punto de vista de la medicina, y con mucha frecuencia son personas de inteligencia sumamente aguda. Discuten con profesionales y parientes que tratan de ayudarlos, y experimentan una perversa satisfacción en hacerles notar las fallas de los argumentos que emplean, haciendo de este modo imposible cualquier tipo de asistencia.
Un alcohólico que no asume su problema y que no recibe ayuda tiene tres posibles finales para su historia: la cárcel, el psiquiátrico o la muerte prematura. La nuestra no es una enfermedad contagiosa en el sentido literal de la palabra, pero sí en el sentido lato, ya que detrás de cada alcohólico activo hay una familia y un entorno que sufre y se enferma por tal sufrimiento. Es una enfermedad progresiva y fatal. Es incurable pero con ayuda se puede detener. El hecho de estar sobrios hoy no nos garantiza la sobriedad permanente; el hecho de compartir nuestras vivencias para ayudar a otros nos recuerda quienes somos, cómo vivimos y cómo no queremos volver a vivir. Servir es parte fundamental de nuestra terapia. De aquí surge la necesidad de que la mayor cantidad de personas sepa de nosotros.
La ayuda llega generalmente de la mano de A.A.; un grupo de ex bebedores en recuperación que nos dedicamos a ayudar a otros a quebrar el hábito de la bebida. Con el relato de nuestras propias experiencias y algunos “secretos” del alcoholismo que generalmente sirven al alcohólico en carrera para darse cuenta de que está hablando con hermanos de sufrimiento, queda automáticamente tendido un puente de confianza, cubriendo un abismo que ha desconcertado a los médicos, pastores, sacerdotes y desventurados parientes y amigos. Tratando estos temas, los “técnicos” (alcohólicos en recuperación) vamos dejando caer poco a poco sobre el enfermo los detalles de un programa para vivir sin alcohol en forma feliz, que nos ha dado buenos resultados, y que estamos seguros de que así puede resultar para cualquier otro alcohólico.
En el otro artículo les comentó la historia de A.A a nivel mundial.