La necesidad de la paciencia en la vida cotidiana.
¿Cómo puedo escribir sobre la paciencia si yo mismo no la poseo? Tal vez si la tuviera no me llamaría tanto la atención. Admiro de verdad a aquellos afortunados que tienen el privilegio de gozar de tan preciado don.
Digamos que estoy atravesando por un ciclo de mi existencia en el cual preciso obtener ciertas respuestas para poder optar por decisiones que afectarán seriamente no sólo mi destino sino también de los que están bajo mi protección y cuidado.
Tal vez sea habitual en la vida de cualquier ser humano ser impaciente en algún momento significativo. Irónicamente, es precisamente en esos momentos donde uno necesita ser paciente y dejar la ansiedad a un lado.
Sé que estoy hablando sólo de un tipo de paciencia, la que es difícil de controlar, pero en el vivir de cada día nos vemos -con frecuencia, diría yo- enfrentados a episodios que requieren que seamos más de lo que somos. Es curioso cómo la vida nos plantea desafíos cada vez más difíciles que exigen que surjan en nosotros aptitudes y capacidades que no poseemos como la “santa paciencia”.
¿Qué nos queda más que aceptar estos desafíos? Después de todo, la razón por la que estamos aquí es para aprender, y en el camino tratar de ser felices mientras subimos la montaña tomados de la mano de los que amamos.