El oído es uno de los cinco sentidos con los que contamos los seres humanos. Su importancia fisiológica radica en la capacidad de captar sonidos y ayudarnos en la percepción del equilibrio. Es aquí donde radica la importancia de las patologías que se presentan en el oído, sus repercusiones funcionales y las secuelas que pueden generar sobre todo en la población pediátrica. Para entender específicamente una patología como la otitis media, es necesario recordar la anatomía de este órgano.
El oído funcionalmente esta dividió en tres partes: oído externo, oído medio y el oído interno también llamado laberinto. En el oído externo podemos diferenciar dos estructuras importantes:
En el oído medio encontramos: membrana timpánica, la ventana oval y redonda, la cadena de huesecillos y la trompa de Eustaquio, esta ultima comunica el oído con la rinofaringe. En el oído interno entonces contiene el órgano vestibulococlear este se encuentra en la porción petrosa del hueso temporal, consta de dos sacos: El laberinto óseo (contiene perilinfa) y laberinto membranoso (contiene endolinfa).
La otitis media es la inflamación de la mucosa que recubre el oído medio, por lo general no solo afecta a esta sino que también incluye a las mucosas adyacentes que son la del mastoides y de la trompa de Eustaquio.
Actualmente se considera que la otitis afecta a un tercio de los niños menores de un año, y es en esta población donde se encuentra la mayor cantidad de casos, con otro pico en alrededor de los 5 o 6 años. Existe cierta tendencia a afectar más a los hombres que a las mujeres, al igual que es más frecuente en la raza blanca.
Existen muchas formas de clasificar la otitis media, puede ser por su tiempo de evolución, por sus secreciones o por la sintomatología que pueda presentar el paciente. Según el tiempo de evolución encontramos:
La otitis media aguda puede ser causada por diversos agentes dentro de los que se destacan: