Casi nadie sabe de esta enfermedad ni en qué consiste.
Meningitis linfocitaria benigna y la Meningitis Tuberculosa:
Las meningitis son las más graves de las infecciones bacterianas agudas frecuentes en el niño. En los últimos años, la introducción de nuevas vacunas y la aparición de resistencias a antibióticos podrían estar modificando la etiología de la enfermedad y las pautas de tratamiento.
Proceso inflamatorio de las meninges, de etiología variada y de curso habitualmente benigno, caracterizado por presentar un L.C.R. claro, pleocitosis de predominio linfocitario, aumento moderado de proteínas y ausencia de microorganismos en la tinción de Gram y en los cultivos habituales. Los agentes causales pueden ser múltiples y, aunque en muchos casos no se identifican, casi siempre suelen corresponder a una etiología vírica.
la meningitis puede desarrollarse por varias maneras:
Siendo los enterovirus los causantes de cerca del 85% de todos los casos de M. aséptica. El virus de la parotiditis un 15% de todos los casos, otros virus menos importantes son el VHS, virus varicela – zoster y virus de Epstein – Barr. Al virus Armstrong (un adenovirus) productor de la Coriomeningitis linfocitaria, se le atribuye un 10% del total de M. aséptica.
A merced un mecanismo Inmunológico, correspondería al virus del sarampión, rubéola y varicela, durante el período de convalecencia.
Las causas no infecciosas pueden deberse a:
Síntomas de como detectarla: alteración del estado general, hipertermia, vómitos, irritabilidad, decaimiento, artralgias, fotofobia, dolor abdominal, mialgias y síntomas catarrales.
El porcentaje es mas alto con secuelas en Hib y neumococo; menos, en meningococo.
Sobre todo se producen secuelas relacionadas con: hipoacusia e hidrocefalia.
La mortalidad global de meningitis bacterianas fue de un 2,6% en la actualidad.
Yo la padecí con 9 años, meningitis linfocitaria, en aquella época, hablo de 1980 en Granada, mi ciudad de origen, no había medios para curar esta enfermedad, hubo una epidemia y murieron muchos niños, en el Hospital Universitario de Granada “San Cecilio”. De una planta entera de niños, afectados con esta enfermedad, solo nos salvamos dos, un niño con afectación total, auditiva y mental.
Yo perdí audición de ambos oídos, pero afortunadamente salí, sin apenas secuelas. Esto me ocurrió a los 9 años y la hidrocefalia me la detectaron a los 27 años, después de 3 años de experimentos en el hospital donde resido y sin remedios para mi enfermedad, ya que había perdido la visión de ambos ojos, debido a que a causa del liquido cefalorraquideo, me habían quemado ambos nervios ópticos, el izquierdo completamente y el derecho menos.
Afortunadamente volví a Granada a una segunda opinión y pudieron salvarme instalándome una válvula de drenaje, lumboperitoneal (en la columna a la altura de la L2) debido a mi hidrocefalia. Gracias a eso vivo hoy y relativamente llevo una vida normal.