¿Será que la indiferencia hacia un peligro inmediato sea el comienzo de una indiferencia por la vida misma?
Hoy, cuando una profusa cantidad de estudios han comprobado que el hábito de fumar tiene enormes riesgos para la salud humana, llama la atención otro problema que tiene relación con esto, y tal vez tiene mayor importancia. Es la actitud que se adopta por las personas, al estar en conocimiento de esto, y lo que esta actitud dice sobre los valores humanos.
Este problema, que podría ser abordado por algún estudio, y tiene referencia, en primer lugar, a los fumadores que no ponen en dudas todas las conclusiones a las que se ha llegado acerca del habito de fumar, y aun así, se les ve indiferentes a lo que esas conclusiones puedan significar para ellos.
Hace un tiempo, durante una conversación con un medico, fumador al igual que muchos de sus pacientes, se obtuvieron respuestas muy significativas. Dijo que no necesitaba que nadie lo intentara convencer de que el hábito de fumar puede ser la causa de cáncer, enfermedades al corazón o bronquitis, y que prácticamente a diario podía darse cuenta de esto en el hospital o entre sus mismos pacientes, y que ha sido testigo de suficientes operaciones de los pulmones para darse cuenta de ello.
Luego se le pregunto si al ver esto continuaba fumando, a lo que respondió que si. Y añadió que pensaba que era como muchos de sus pacientes, a los cuales él mismo les ha aconsejado dejar de fumar, pero prefieren seguir haciéndolo. Para ellos no tiene mucha importancia quitarle varios años a su vida, y se les torna totalmente indiferente, al igual que a mi, dijo.
¿Por qué esta indiferencia?
Esta indiferencia afecta al carácter y la calidad de la sociedad entera, y ayuda a determinar sus fines y la capacidad para alcanzarlos.
Los que han trabajado en el campo de la enseñanza se pueden preguntar si este no ha dado la suficiente importancia al contenido de los principios, que si no hay lección que no se pueda aprender en la escuela cuya importancia sea comparable a la de las enseñanzas que fomentan el respeto a la vida y a sus posibilidades.
La escuela puede ser un instrumento supremo para desarrollar la sensibilidad humana, y lo esencial de dicho aprendizaje se puede expresar claramente y divulgarlo. El la misión de quienes tienen acceso a los cerebros en plena formación.
La piedra angular de una sociedad no consiste en lo que esta hace por sus integrantes, y ni siquiera en lo que estos miembros hagan por ella, sino en la capacidad que una y otros tengan para entender los principios del perfeccionamiento y el desarrollo humanos.
Estos no son principios secundarios, son, por el contrario, los principios que hacen posible cualquier otro principio.