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Creencias y motivación

Acerca de las creencias y la motivación.

Pero el sistema de creencias no es solo causante de la xenofobia, también encadena a conductas negativas, llevándonos a cometer una y otra vez los mismos errores.

Ejemplos de este tipo de creencias son:

“El lobo pierde el pelo pero no pierde el vicio” y “árbol que crece torcido nunca su rama endereza”; o sea que si robé una vez, ladrón para siempre (o lo que sea que haya hecho mal), y sucede que la vida es cambio, y que el perro es un lobo que perdió el vicio sin haber perdido el pelo y que el árbol tuerce su rama cuando está en la sombra y busca la luz (fototropismo)

“Mucho ayuda el que no estorba” mi papá (o mamá o maestro o lo que sea) me cree estorbo, soy un estorbo, por tanto no valgo nada.

“Las palizas acomodan a la gente”, es decir que mis padres me pegan para corregirme, entonces para corregir a mi esposa tengo que molerla a palos.

“Me duele más a mí que a ti”, pobrecita mi madre, cuando me pega le duele mucho (cinismo)

Además, si crecemos en un ambiente musulmán fanático nos enseñan a odiar a los cristianos, y si crecemos en uno cristiano de la misma índole, aprendemos a odiar a los musulmanes; si crecemos entre republicanos, los demócratas son farsantes y si crecemos entre demócratas los republicanos son corruptos, igual para los comunistas, los capitalistas y para cualquier -ismo que la sociedad haya acuñado.

Es muy posible que todas las enfermedades mentales, neurosis y psicosis, estén arraigadas en un sistema de creencias disfuncional e inconsciente, que trabaja según su propia química desde las profundidades de los laberintos de nuestras mentes, de manera automática y obligándonos a hacer lo que no queremos y a no hacer lo que si queremos.

Después de todo, ¿cuántos de nosotros no nos hemos sorprendido alguna vez diciéndonos; con total sinceridad, “no sé porque lo hice, no sé qué me pasó”?

Los sistemas de creencias que hemos forjado a través de toda la vida motivan nuestras conductas, y si somos incapaces de controlarnos, es necesario individuar aquellas creencias virulentas, eliminarlas y sustituirlas por creencias sanas, el problema que se presenta aquí es ¿quién nos dice qué creencias son beneficiosas y nutricias y cuales en cambio son dañinas?, la respuesta a esta última pregunta ha de ser el resultado de estudios e investigaciones neuro lingüísticas, semánticas y psicológicas.

Dijo Cristo: “como piensas así eres”, y “no es lo que entra en tu boca lo que te daña, sino lo que sale de ella” – o sea las creencias negativas- y “lo que abunda en tu corazón es lo que sale de tu boca”, y “la higuera solo higos puede dar, no puede dar otra cosa”. Son los sistemas de creencias los que determinan nuestras motivaciones y sólo cuando aprendamos a conocer la química de dichos credos podremos tener elementos para construir esa sociedad utópica que todos queremos y en la que tan pocos aun creemos pueda realizarse.

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