El mayor beneficio que puede recibir un bebé es la leche materna.
Los beneficios del uso de la leche materna en los primeros meses de vida del lactante, además de proporcionarle los nutrimentos requeridos para su óptimo crecimiento y desarrollo, dentro de los parámetros indispensables para hacer del bebé un niño con todo lo suficiente, se inclina más aún a favor de la leche de origen humano, toda vez que, en estudios realizados en Nueva Zelanda se encontraron pruebas para determinar que la leche de vaca es un factor preponderante de anemia ferropénica en lactantes. Los autores de dicho estudio afirman “que la leche de vaca, que es una forma de alimentación habitual en Nueva Zelanda, induce hemorragia gastrointestinal con la consecuente aparición de anemia en el lactante” (1).
En estos tiempos en que los bebés, por las particularidades de una sociedad tan exigente y con los costos de vida tan elevados por las depauperadas economías que desintegran las posibilidades de vida cómodas, no son atendidos por sus progenitoras en los primeros meses de vida porque sus madres deben trabajar para apoyar a su cónyuge o simplemente son madres solteras, el hallazgo aporta una preocupante variable en el crecimiento de los pequeñuelos que merecen una vida sin la amenaza de la anemia ferropénica durante su lactancia.
Si consideramos además que los lactantes son susceptibles a la deficiencia de hierro y los efectos de éste son, entre otros, disminución en tolerancia al ejercicio, problemas en la inmunidad celular y hasta un deterioro en la función intelectual en la niñez, la ecuación resulta más preocupante, e invita a pensar en otras alternativas.
Es tiempo de que, como sociedad entendida, tomemos consciencia de estos factores que inciden, a la larga, en bajo rendimiento escolar y mayor susceptibilidad a las enfermedades, buscando soluciones para construir un mundo libre de estos flagelos.
(1) Anyon CP, Clarkson KG. “La leche de vaca: Una causa de anemia ferropénica”. NZ Med J,1971; 74:24-25.