¿Habrá vida después de la muerte?
El arte cristiano ha representado con libre fantasía el Infierno o escenas de condenados, especialmente en la Edad Media. Aparte de las numerosas esculturas de Nuestra Señora de París y otras catedrales góticas, merecen citarse en este respecto las pinturas del Beato Angélico, Lucas Signorelli (catedral de Orvieto), Jerónimo Bosch, Andrés Orcagna (cementerio de Pisa), Brueghel, Zuccaro, etc., y el ‘Juicio final’ de Miguel Angel. Pero fue el genio de Dante el que supo dar la más grandiosa interpretación del Infierno, en el primer canto de su Divina Comedia, ilustrado por numerosos y eminentes artistas.
Desde muy pequeños nos han inculcado la idea de que existe un horrible lugar, ubicado más o menos en el centro de la tierra, donde las almas de los pecadores se consumen entre las llamas, el llanto y el rechinar de dientes, pero para todos aquellos que aún creen en esta teoría, lamento informarles que científicamente ya está comprobado que en el núcleo de la tierra no habita Satanás, ese ogro con patas de chivo, cuernos y hasta cola que es el señor de las tinieblas. Y siendo así, entonces, ¿dónde queda el infierno?
Desde el Medioevo, la Iglesia Católica ha usado el infierno como la más efectiva forma de controlar la mente de los feligreses. Si no hay castigo por no ir a misa por lo menos todos los domingos, entonces, ¿por qué hay que ir?
El actual Papa Benedicto XVI ya en dos ocasiones ha hecho referencia a este tema e insiste en que el infierno y el purgatorio sí existen. Afirma que “la salvación no es inmediata, ni llegará para todos. El infierno es una posibilidad real”, y precisó que si el juicio final fuera pura justicia, éste tendría que ser un motivo de temor para los hombres.
Pero, ¿por qué acude al temor para afirmar que este lugar existe y que por lo tanto no debemos alejarnos de la Iglesia? Lo único cierto es que cuando escuchamos esta afirmación del máximo exponente de la Iglesia, volvemos a darle credibilidad a la “Santa Iglesia Católica”, dejando de lado todas aquellas equivocaciones de esta institución.
El infierno podría ser un estado del alma por la ausencia total de Dios que se da al cometer acciones que en vida atentan contra la integridad de los demás, pero esta no puede ser una excusa de la Iglesia para limitar el libre desarrollo de las personas. ¿Quién como ser humano puede determinar el camino que se debe seguir para llegar a la eternidad?
Hasta el momento nadie ha regresado de la muerte para contarnos cómo es en verdad la vida eterna; no olvidemos que en este mundo todos somos diferentes, dotados de capacidad racional, lo suficientemente inteligentes para saber qué está bien y qué está mal y lo más importante es no hacerle daño a los demás.
El tema es muy interesante y de gran polémica en la actualidad, pero es necesario que se escuche a los estudiosos, se analicen todos los aspectos y se respeten las diferentes posturas.
No dejemos que controlen nuestras vidas con falsas historias de llamas y diablos sino más bien procuremos hacer siempre el bien para que seamos felices y alcancemos la salvación y la vida eterna por nuestro actuar y no por el temor.
No creo que el infierno sea un lugar fisico, ni creo que existan demonios, y el temor es el recurso mas utlizado por la iglesia para mantener a los fieles como marionetas, buen articulo. un saludo
Buen artículo amigo, muy completo. En lo personal para mí, el infierno radica en la mente, al igual que el cielo, aunque de ello se contagia nuestra alma, y cuando dejamos nuestro cuerpo, la vida que llevamos en nuestra mente la reflejará nuestra alma.
Creo fervientemente que nuestra mente es el reflejo de nuestro espíritu, sólo nosotros tenemos el control de decidir dónde y cómo vivir, no podemos controlar las circunstancias, los accidentes o hechos inevitables por supuesto, pero sí decidimos cómo tomarlo: como una enseñanza, un tropiezo, una experiencia, o bien, como un castigo, una calamidad o un martirio.