… Dios se murio, y con él han muerto todos sus valores.
Poco a poco, en la cotidianeidad, se nos manifiestan signos de que el mundo está siendo perturbado; girando, como un trompo sin control. Desde los principios de la especie se crearon dioses para explicar hechos inentendibles para ese momento. Pero poco a poco ese dios se fue desfigurando, fue tomando forma de herramienta de orden y control, de castigo interior que fue creciendo por los propios seres humanos. Este dios, omnipotente, omnisciente, todopoderoso, hoy ha empezado a agonizar.
La figura de Dios es exclusivamente dependiente de nosotros, y su grandeza es proporcional a la fe en él. Sin embargo, hoy se ve mucha gente aparentemente creyente. No son ni más ni menos que farsantes, flojos con poca fe en sí mismos, en lo que son capaces de hacer. Todo lo que restringía las actitudes de los seres humanos, los valores, la ética, el respeto, está muriendo.
Muere porque muere Dios, porque se está desvanesciendo en la memoria de generación en generación, así hasta el fin de la religión. Donde nadie va a sufrir una culpa interior, y por lo tanto, nunca van a importar las consecuencias de nuestros actos.
Éste es el principio del fin, el final de Dios.