Dios jamás nos deja solos, aunque nosotros lo dejemos solo a él.
Comprender que en las cosas triviales y mínimas está nuestra paz, esas cosas que hacemos a diario y no nos damos cuenta que tenemos como un regalo de Él.
Ésas que ya damos por sentado, pero que si nos las quitaran sin duda seríamos desdichados, y comprenderíamos que la felicidad no está en la fortuna o en las cosas tangibles sino en aquellas cosas que Dios nos ha dado y que, por insensatos, no valoramos.
Cosas sencillas como un beso, un abrazo, una sonrisa, sentir la brisa rozar nuestro rostro, la sensación de despertar y respirar en paz y saber que tenemos la libertad y oportunidad de decidir ser mejores personas y hacer de cada día una experiencia nueva y gratificante en vez de hundirnos en nuestras tristezas y frustraciones.
Dios es el ser más hermoso que podemos encontrar. Si hay alguien que nos ama, ese alguien es Él, jamás te olvides de él, porque él jamás se olvidará de ti, porque las cosas hermosas que tenemos en nuestra vida, provienen de una sola fuente, y esa fuente es Él.
Dios los bendiga y les dé miles de satisfacciones en su vida… Quise compartir esto con ustedes porque las cosas que escribí aquí, en verdad las escribí desde mi corazón, ya que estando en uno de los momentos más difíciles de mi vida, las pude comprender y entendí que Dios jamás nos deja solos, aunque nosotros lo dejemos solo a él.