El hombre está hecho para dominar la naturaleza y el espacio, pero para eso necesita madurar.
Hace algún tiempo un amigo me dijo: “¿Te has puesto a pensar que cuando un padre va a tener su primer hijo está muy contento, y le prepara un cuarto, lo pinta de un color que sea agradable y sano, le compra una cuna, le hace un móvil, de noche le pone luz tenue o estrellitas reflectantes para que no tenga sensación de oscuridad, le compra ositos de peluche, etc.?”. Y luego me dijo: “¿Y no has pensado que hay un padre del Hombre, que se preocupó de los mismos detalles? Creó la Luna para que el hombre no tenga sensación de oscuridad absoluta, de crearle un hábitat, de crearle un alimento. Fíjtate que la naranja viene como en un regalo y se divide en gajos adecuados para tu boca, al igual que la uva, el plátano, etc.
Y sí, la verdad es que le encuentro toda la razón. Creo que todo está hecho para el hombre, de hecho el universo tiene una perfección divina, funciona con la perfección de un buen reloj, y además creo que el hombre aún está en la cuna y debe crecer y salir de ella y explorar ese espacio infinito.
El hombre está hecho para tomar dominio de la naturaleza y el espacio, pero con sabiduría.