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Hoy Leí Efesios 1:5

Un momento de reflexión en la Biblia.

“En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” (Efesios 1:5).

Sigue constituyendo para mí un misterio, este de la predestinación.  Dice aquí que Dios nos predestinó en amor – es decir, motivado por el amor – para que fuéramos hijos suyos por medio de Jesús, conforme al buen propósito, de acuerdo a la buena intención, de su voluntad.  En otras palabras, porque quiso. 

Lo que permanece bajo la sombra del misterio es esta aparente preselección de Dios.  Digo lo de “aparente” porque bien podría ser que él a quien eligiera fuera a Jesucristo, y a quienes encontrara “en él” por medio de la fe.  Estos serían los invitados, los integrados a su familia.   Pero insisto en que yo sería un necio si ignorara mis limitaciones para entender esto.  Así como lo veo, esto cae dentro de esa categoría de conceptos, ideas y conocimientos que recién podré entender cuando esté más allá de las limitaciones de esta vida. 

Eso no quita que me maraville con la grandeza del amor de Dios.  Porque lo que aquí se destaca es la intención y la insistencia de Dios de integrar seres humanos, su creación, a su familia.  Dios me amó tanto que quiso hacerme su hijo. 

A veces uno encuentra en la vida personas que establecen un lazo tan estrecho con uno que deciden “adoptarlo”.  Generalmente esto no ocurre en el sentido literal y legal, sino a nivel de los afectos.  Te pueden decir algo así como “Te quiero tanto que te considero mi hermano”.  Cuando eso sucede nos sentimos muy bien, es una cálida sensación la de sentirnos amados, aceptados, recibidos.  Ahora observa que quién te está diciendo eso en este momento ¡es Dios! Es él quien al considerar tu vida extiende la mano hacia ti, te mira a los ojos y con esa irrevocable capacidad para conmoverte te dice al corazón: “Te amo tanto que quiero que seas mi hijo”.  ¡Eso es lo que dice en estas palabras!

A esta altura ya sobran mis palabras, están de más.  Quédate conversando con el Padre, porque eres su deleite. 

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