Un momento de reflexión en la Biblia.
“Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: …” (Efesios 1:1).

La iglesia en Éfeso, a la que Pablo se dirige, es aquella que nació luego de su encuentro con aquellos ‘discípulos’ a quienes preguntó si habían recibido el Espíritu Santo cuando creyeron (Hech. 19). Pablo dedicó a esta iglesia más tiempo que a la mayoría de las iglesias que fundó.
Es interesante que Pablo se presenta como “apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios”, como alegando desde un principio que no se llamó a sí mismo al ministerio, sino que el Señor mismo lo hizo. El saludo parece contener, en este sentido, un eco de 1 Corintios.
“Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz. Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo” (Efesios 1:2-3).
Luego de los saludos de rigor, Pablo empieza su carta con una alabanza a Dios. Sus motivos para exaltar a Dios son dignos de nuestra atención.
Dios, a los discípulos de Jesús, nos “ha bendecido en las regiones celestiales”. ¿Podrías tomar nota de esto, por favor? Dios te ha bendecido en las regiones celestiales. ¿Qué quiere decir esto? Las regiones celestiales son aquello a lo que a veces llamaríamos “el mundo espiritual”, ese ámbito para nosotros indefinido y misterioso en el que se mueven los ángeles. En ese mismo ámbito, de acuerdo a lo que Pablo enseña en esta carta, se mueve también nuestro propio espíritu. Sin importar cual sea nuestra condición material aquí en la tierra (llamémosle así, aunque podríamos haber dicho “las regiones terrenales”), Dios nos ha bendecido en el ámbito espiritual.
¡Y vaya si lo ha hecho! Nos ha bendecido “con toda bendición espiritual en Cristo”. Parecería que uno podría poseer más o menos riquezas en el mundo espiritual. Los que hemos creído en Jesús las hemos recibido todas. No importa cuál sea tu posición social y económica en esta vida frente a la sociedad en la que vives; si creíste en Jesús, en el mundo espiritual has recibido de Dios “toda bendición espiritual”.
Y esa bendición espiritual la recibimos “en Cristo”. Creo que a veces no asumimos completamente todo lo que recibimos al recibir a Cristo en nuestro corazón, y creo que el Espíritu Santo tiene la intención de aclarárnoslo en esta carta.
Esta simple declaración, aún antes de profundizar en lo que viene a continuación, ya me hace sentir diferente. Dios me ha bendecido con toda bendición espiritual en el mundo espiritual. No estoy desprovisto, no estoy desnudo, no estoy en la miseria espiritual. Muy por el contrario, ¡soy rico! Con Cristo Jesús, mi Señor, lo tengo todo.