¿Por qué Dios deseó que fuese tentado por el diablo su Hijo antes de empezar su ministerio? ¿Cuál sería la razón para que se hiciere en el desierto? ¿Si su intento era probarlo, Dios no sabía quién era su Hijo?
En la tentación el Señor Jesús nos da una lección para vencer en la Vida.
En los tres evangelios nos narra que el hecho fue ocasionado por el mismo Espíritu Santo quien guió al Señor Jesús por el desierto, la cual tenía su propósito para que fuese tentado por el diablo.
Nacen una cantidad de preguntas. ¿Por qué Dios deseo que fuese tentado por el diablo su Hijo antes de empezar su ministerio?
¿Cuál seria la razón para que se hiciere en el desierto?
¿Si su intento era el de probarlo, Dios no sabia quien era su Hijo?.
En realidad, Dios no hace nada sin algún propósito.
Muchas veces nosotros somos llevados al desierto por el propio Dios, ahí perplejos conjeturamos sobre los objetivos.
En el desierto, lejos de todo y de todo, sólo sin que nadie ni nada los pudiese ayudar y mirando a su alrededor, y todo estaba desolado en completa soledad, y ahí el Señor escuchaba una voz que le decía “yo estoy contigo”.
Esa voz que escuchamos siempre se hace presente cuando tenemos angustia, desesperación, agobio, aflicción en fin todo problema causado por el enemigo (diablo), en la que siempre pasamos en el desierto de este mundo.
A veces por supuesto no le hacemos caso, no nos aferramos a esta clase de problemas y creemos que si tomamos una salida la encontramos para el bien nuestro.
Después, de tantos días sin probar bocado el cuerpo del Señor Jesús ya estaba pasando los limites por la falta de alimentos, pues, es una necesidad física, entonces el diablo le dio su primer dardo envenenado.
“Si eres Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan”. (Lucas 4: 3).
Satanás sabia perfectamente que el era el Hijo de Dios, aún antes que su naturaleza humana tuviese hambre.
Su divinidad era tal que en fin era real, no tenia el derecho de usarla para beneficio de él pues necesitaba de alimento como ser humano que era.
No podía utilizar sus cualidades o propiedades de su ser divino, si así fuera, no sería Jesús el Hijo, nacido de Dios, el cordero de Dios, y el sacrificio sería en vano y invalido, pues no sufriría en carne, en el alma y en el espíritu, con la muerte en el monte del Calvario, pues Dios no muere.