Cristo murió en lugar de mí.
Génesis 3
“Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús”
Romanos 6:23
Al caer el hombre en el pecado de desobediencia, el hombre perdió la comunicación con Dios. Fueron expulsados del paraíso, y una espada de fuego guardó el camino al árbol de la vida. El hombre y su mujer, así como el resto de su descendencia estaban destinados al infierno, a la separación eterna de Su Creador. El mismo Jesucristo, habló de este terrible lugar de tormentos donde “el gusano no muere y el fuego nunca se apaga”, un lugar de separación eterna de Dios destinado para “el diablo y sus ángeles”. Este es el fin del ser humano que vive en el pecado: “Porque la paga del pecado es muerte”. Este era el sombrío panorama del Hombre y sus generaciones, por haber violado la Ley del Señor. Y en medio de este destino, brilló la Luz de la Esperanza. Cristo, la Vida Eterna, el Hijo Eterno del Eterno Padre, se ofreció como substituto. Jesús nos vio perdidos en el pecado, con angustia, ansiedad, dolor, y el fracaso. Y el Eterno Ser de la Compasión tomó una decisión: Morir por el pecador. Sufrir el infierno por nosotros. Por ti y por mí.
¿No te rendirás a Su gran amor, entregándole tu vida?
Oración:
Señor, Tú moriste en la cruz por mí, siendo yo un pecador. Quiero entregarte mi vida, mi buen Jesús. Amén.