Para los Estados Unidos, desde que se dio por concluida la Guerra Fría, el “enemigo” se sitúa en los países y regiones que ofrecen mayor resistencia a la globalización de la economía, que aspiran a una integración regional autónoma, con su propio ritmo de desarrollo. Destaca dos grandes prototipos del enemigo internacional: el narcoterrorismo -particularmente en América Latina- y el terrorismo islámico en Oriente Medio.
Para los Estados Unidos, desde que se dio por concluida la guerra fría, el “enemigo” se sitúa en los países y regiones que ofrecen mayor resistencia a la globalización de la economía, que aspiran a una integración regional autónoma, con su propio ritmo de desarrollo. Destaca dos grandes prototipos del enemigo internacional: El narcoterrorismo particularmente en América Latina y el terrorismo islámico en Oriente Medio.
Jean Baudrillard dijo “el problema no es el pequeño Afganistán. El problema es que haya una confrontación mundial por el tema de la globalización. Y su responsable no es la política mundial, sino, justamente, la falta de ella. Al-Jazeera es un atentado contra la CNN. Es la venganza mundial mediática contra quienes intentaron dominar la información. El problema es que la cadena árabe no tiene información pero es grabe para Estados Unidos, por que habla de su fragilidad.
Difundiendo básicamente la versión oficial de la administración del presidente George Bush, sin ningún contrapeso crítico, los medios estadounidenses claramente callaron u omitieron voces discordantes, lo que hizo muy difícil distinguir entre la línea política gubernamental y la línea editorial, con lo que contribuyeron a obtener un aplastante respaldo del público a la guerra.
Mattelart explica en su obra las razones de la complicidad mediática en la guerra, a través de un desmitificador recorrido por el desarrollo de los medios de comunicación y su papel en las sociedades democráticas. De ese libro se extrae una parte de las referencias históricas recopiladas que dedica a la relación entre la comunicación y la guerra. Y es que, según Mattelart “la comunicación para lo que sirve en primer lugar es para hacer la guerra”, al punto de llevar al análisis “su alistamiento al servicio de los ejércitos”. Así, gran parte de la prensa marcha como conscripto.
En los años 50, las severas restricciones a la prensa en la guerra de Corea contrastaron con algunas de las imágenes que el público estadounidense vio años después por televisión durante la guerra de Vietnam, lo que llevó a las autoridades militares y a científicos sociales a culpar a las cadenas de dividir tanto a las elites como a las masas estadounidenses.
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