Para los Estados Unidos, desde que se dio por concluida la Guerra Fría, el “enemigo” se sitúa en los países y regiones que ofrecen mayor resistencia a la globalización de la economía, que aspiran a una integración regional autónoma, con su propio ritmo de desarrollo. Destaca dos grandes prototipos del enemigo internacional: el narcoterrorismo -particularmente en América Latina- y el terrorismo islámico en Oriente Medio.
En la misma línea, el politólogo Samuel Huntington en 1975 aseguró que el desarrollo del periodismo televisado ha contribuido a minar la autoridad gubernamental, e incluso el patriotismo al punto de convertirse en agente de la derrota.
Por el contrario, el politólogo Daniel Hallin decía que sin necesidad de una censura gubernamental las cadenas de televisión practicaron sin pudor la autocensura, motivada fundamentalmente por el tipo de relación que ya tenían con el gobierno y con él ejército. En su ensayo “La guerra sin censura” el mito de que una guerra televisada pierde el apoyo del público fue resaltado por el mismo autor durante la guerra del golfo pérsico. Este axioma provocó la censura militar en Irak, lo mismo que en 1982 en la guerra de Malvinas. Hallin no creía en una conspiración manipuladora entre medios y militares. Y se concentró en demostrar la necesidad del estado de contar con una complicidad mediática que dotara de credibilidad y legitimidad a la propaganda y la desinformación.
Hoy la propia prensa estadounidense está conciente del papel propagandístico militar que está jugando, según fue documentado por la organización francesa Reporteros Sin Fronteras, en el reporte que emitió sobre la censura y la autocensura practicada por los medios en los estados unidos.
La guerra desatada ahora en Afganistán se nos presenta como una reedición a la miniserie que nos ofrecieron las grandes cadenas de televisión estadounidenses durante la guerra del golfo pérsico, mediante el despliegue de una elaborada musicalización, diseño grafico y títulos especiales durante los noticieros, en los que destaca la manipulación de los símbolos nacionales estadounidenses.
Los medios en vez de ser un elemento de independencia y objetividad, tienen como función crear las condiciones adecuadas para mantener los verdaderos objetivos de la intervención ocultos a la opinión pública y difundir, en su lugar, un objetivo del tipo simbólico, imaginario que refuerce el apoyo de la población así como el respaldo de la opinión pública internacional, trabajando con los aliados en el terreno de la guerra psicológica de percepciones y creencias administradas por el sistema institucional de los medios de comunicación periodística.
Asesinar a Bin Laden no será suficiente; Él tiene que ser eliminado simbólicamente.
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