Crónicas ocultas relatadas por varios ex empleados sobre esta casa editora.
“Una Asociación o grupo organizado de personas o instituciones que manifiestan deseos conscientes o intereses comunes a sus miembros, realizando una acción destinada a influir en las instituciones del poder público para producir decisiones de éste favorables a sus fines, teniendo como rasgos que los caracterizan, como ser un grupo organizado que expresa conscientemente intereses parciales o particulares y ejerce presión sobre el poder público para obtener sus fines, más no buscan ejercer por sí mismos el poder público y no asumen la responsabilidad de las decisiones adoptadas bajo su influencia.” (Finer, 1966 : 22).
Si bien esta definición comienza en los dueños, se extiende para quienes apoyan a manera de séquito de sus intenciones, enfrentando el interés laboral y la merma de su economía y quizás su dignidad y ánimo de ejercicio profesional sea cual sea su área.
La opinión pública que nació ante la falta de su ejemplar de El Siglo desde el día 27 de enero de 2007, comenzó ante rumores de sabotaje de máquinas -que de hecho existieron- y el que se formó una lucha de chavistas y opositores que hacen vida común en el diario -el personal-.
Con el transitar de los días ya las personas eran eco de lo que en los medios se publicaban, cartas emitidas por los dueños que irrumpieron (Tulio y Mary) y contra-cartas publicadas de los afectados a manera de panfletos pegados en autos por puesto, locales comerciales, e-mail, por ello los demás medios impresos incidieron en la opinión pública como un simple ente de publicación de las diatribas de un periódico “competidor”, aprovechando la ausencia de éste para aumentar su línea de clasificados y captar un mercado de lectores que estaba ávido de información en este y otros aspectos, pero con ardides y astucia se enfrascaron en llamar la atención en sus medios, para que fuesen lectores cotidianos cuando el diario “El Siglo” volviese a circular.
Es así que a manera de conclusión comprendemos que la opinión pública en este caso se formó de parte de los trabajadores, los lectores asiduos, los grupos políticos que defendían a sus compañeros dentro del diario y dueños. Los grupos de presión buscaron cubrir la realidad y crear matrices de opinión distintas y desconcertantes, con el fin de que el hecho noticioso de que un diario o medio comunicacional esté en conflicto, no afectase sus intereses económicos, sociales, personales y políticos. Y en un tercer aspecto los medios incidieron en la opinión pública como “alternativas de comunicación y mercado”, minimizando la situación a fotos y notas similares del caso que aburrían al lector, creando en la población aragüeña y nacional una idea que se hizo recurrente: “Es un problema interno, que no está claro y no implica problema sino para quienes ahí laboran”.