Tú, como la mayoría de personas, probablemente estés convencido de que si algo es real no puede ser mágico y si es mágico no puede ser real.
Me intriga León Tolstoi, en parte por lo que considero paralelismos entre su vida y la mía. Fue un autor famoso en vida y un hombre que pasó gran parte de ella de manera hedonista, sin ninguna tendencia espiritual en sus primeros escritos, pero que experimentó un cambio que parecía tener lugar sin su consentimiento. Sus escritos empezaron a reflejar una tendencia espiritual, comenzó a hablar del viaje del alma, así como del mundo de la realidad mágica. Sin embargo, no estaba seguro de cómo o por qué se había producido esa transformación.
Recientemente, una mujer, una de las mayores expertas del mundo en literatura rusa me entregó una copia de una parte manuscrita del testamento de Tolstoi, redactado por él veinte años antes de su muerte. En este testamento, Tolstoi describía sus sentimientos en relación con la obra de su vida, sentimientos que se corresponden de manera exacta con los míos cuando contemplo mi vida:
Además, y en especial, pido a todas las personas próximas o lejanas que no me alaben (sé que lo harán, porque lo han hecho durante mi vida de la manera más obscena). Sin embargo, si es que desean estudiar mis escritos, que se fijen atentamente en aquellos pasajes en los que sé que el poder de Dios hablaba a través de mí y los utilicen para bien de sus propias vidas. Ha habido momentos en que he sentido que me estaba convirtiendo en el portador de la voluntad de Dios. A menudo he sido tan impuro, tan lleno de pasiones personales, que la luz de esta verdad se ha visto oscurecida por mi propia oscuridad, y, sin embargo, esta verdad ha pasado a veces por mí y ésos han sido los momentos más felices de mi vida. Dios quiera que estas verdades no se hayan visto corrompidas al pasar por mí y que las gentes puedan alimentarse de ellas a pesar de la forma superficial e impura que yo les he dado.
Así, también, este giro inesperado que ha dado mi propia vida se ha producido casi sin mi consentimiento. Yo no tenía planes grandiosos. No me planteaba tales metas u objetivos. Lo que sí tenía era una disposición, un estar abierto a ver las cosas de otro modo. Ahora que he sido testigo de milagros en mi propia vida personal, me siento obligado a compartir esta nueva conciencia mágica. Es posible que tú te hayas visto atraído hasta este libro por el mismo flujo natural de la vida que me ha movido a mí a escribir acerca de la realidad mágica.