No nos damos cuenta de cómo colaboramos inconscientemente con un mundo innecesariamente consumista.
Mi marido y yo no somos amigos de los regalos en fechas señaladas: Reyes, cumpleaños, aniversarios. La verdad es que compramos muchos caprichos, nos gusta y nos lo podemos permitir, y lo hacemos continuamente. A mi marido le encanta comprarme ropa, sobre todo zapatos, vestidos de fiesta, cosas “no excesivamente necesarias” pero muy agradables. También me compra muchas otras cosas de capricho, y salimos a menudo a cenar. A mi me pasa igual con él, le compro todo lo que me apetece, y creo que ambos coincidimos en que si bien nos gusta ver la alegría que producimos al prójimo, casi disfrutamos tanto o más nosotros por el hecho de hacer el regalo, tanto que no podemos esperar a una fecha especial.
Además no me gustan las fechas especiales porque son un incordio, justo para esa fecha se complica todo y no te da tiempo de comprar aquello que querías, o lo que viste y apuntaste ya no está, y te pones nervioso buscando y buscando para comprar al final cualquier tontería y a disgusto.
Sin embargo, es inevitable que tus amigos, familiares… en cuanto llegan Reyes, tu cumple o tu aniversario, lo primero que preguntan es ¿qué te ha regalado? Estoy harta de explicar que nosotros no funcionamos así, pero suena a excusa, me miran diciendo “pobrecita” incluso los que no se enteran de nada piensan “no la quiere nada de nada”. Qué error tan grande y qué ganas de provocar “malos rollos”.
En realidad reconozco que nosotros somos bastante consumistas, pero sin presión, al menos es una elección voluntaria y si algún día nos cansamos o no nos llega el presupuesto, no pienso forzar un solo regalo del “Corte Inglés”.