La piratería somalí está en el ojo del huracán de la política internacional y de los medios de masas. Sin embargo, el problema esconde un escándalo internacional con implicaciones medioambientales y sobre la seguridad alimentaria de las castigadas poblaciones de Somalia.
Un aforismo español afirma que a río revuelto ganancia de pescadores. En este caso los pescadores que ganan son los pescadores de las decenas de países que pescan en aguas de Somalia sin pagar ninguna clase de aranceles y cuya ganancia asciende según el Congreso Somalí de Canadá a 300 millones de dólares anuales. Tampoco es parca la ganancia de las navieras y comerciantes que necesitan pasar por aguas somalís y que prefieren esquivar Yemen porque no es gratis pasar por allí. Pero hay otros pescadores peculiares, pescadores que más que pescar, hacen lo contrario, es decir, arrojar cargas envenenadas por la borda cuando nadie mira.
En los siglos XVII y XVIII, la edad de oro de la piratería, esta se concentraba en el Caribe, es comprensible, cada año surcaban este mar americano miles de buques cargados con el producto del sudor y la sangre de millones de africanos esclavizados que trabajaban gratuitamente para que Europa lo derrochara en los dispendiosos fastos de las monarquías absolutas y en las guerras interétnicas que sacudían el Continente-península. Lo más interesante de esta realidad es que no menos de un tercio de los piratas eran personas esclavizadas que habían conseguido escapar de la opresión y la ignominia del más productivo crimen de la historia de la Humanidad, la esclavitud de africanos en América. No todos los piratas son iguales, y por supuesto la crueldad de los métodos de algunos de ellos no era algo que se pueda defender, claro que también hay que conocer el código sádico del mar que utilizaban en esa misma época las potencias imperiales. Ya por entonces existía la contaminación por metales pesados, sobre todo por los productos utilizados en los procesos de minería del oro y la plata. Aunque las justificaciones morales para matar pájaros a cañonazos son las mismas que entonces, en la actualidad poco parece haber cambiado en el mapa del saqueo. Cuando en 2008 los ex-pescadores somalís asaltaron el buque ucraniano Fania cargado con armamento no declarado, el representante de los corsarios Januna Ali Jama, aseguró que “se tomaban el rescate en pago por la destrucción de las costas somalís por la basura tóxica” entonces, en medio de la polémica por el destino de las armas, pocos medios se hicieron eco de estas declaraciones, pero esta puede ser otra de las razones por las que la agencia de noticias de Somalia, Wardheer News, asegura que más del 70 por ciento de la población local apoya las acciones de estos hombres de mar por considerarlas una forma de defensa de los intereses nacionales.