Constatación de una situación con un poco de ironía.
Ya está aquí julio y, como cada año en estas fechas empezamos el tan esperado periodo vacacional.
La mayoría de nosotros espera esta época con muchas ganas, deseando disfrutar de un merecido periodo de relax, diversión, nuevas amistades, lugares nuevos o simplemente disfrutar de la familia.
Sin embargo, este año, además del efecto que las vacaciones pueden causar en las parejas (como si de un efecto secundario se tratara), en septiembre cada año se nos recuerda por activa y por pasiva en todos los medios de comunicación que sube drásticamente el número de parejas que rompen su relación a la vuelta de las vacaciones, subiendo el número de peticiones de divorcio en estas fechas, nos podemos encontrar con otros efectos
Si cada año ya se nos hacía cuesta arriba afrontar la vuelta a los colegios, coste de las matrículas, compra de libros, batas, equipo deportivo, esta vez puede que sea mucho peor.
Es de esperar que muchas familias que para cubrir el gasto extra de las vacaciones, recurrían al crédito al consumo en entidades financieras, esta vez lo hayan tenido difícil, por no decir imposible, con la crisis de “liquidad” que ha afectado a la concesión de crédito en los bancos.
¿Qué habrán hecho estas familias? ¿Se habrán gastado lo poco que hubiesen ahorrado para un caso de necesidad?
Porque ¿qué mas necesidad que darse la alegría de las vacaciones, que pueden ser las últimas que nos concedamos en un largo periodo de tiempo?
¿Se habrá pedido un anticipo a la empresa para la que trabajamos? Total, está claro que por más que digan los agentes económicos del país, algo tendrán que hacer para paliar la que se nos viene encima y si no… ¡Dios dirá!
¿Empezará a crecer el número de impagos de hipoteca? Es evidente que es la partida más importante de gasto en la economía familiar, bien sea por hipoteca o por alquiler. Dos cuotas impagadas pueden significar la diferencia entre disfrutar de unas vacaciones ó no.
Parece que psicológicamente estas vacaciones pueden significar la preparación para superar la época de “vacas flacas”
Habrá que apretarse el cinturón durante no sabemos cuánto tiempo, para ello es necesario tener en reserva una cierta fortaleza mental. Y cuando se necesite tirar de ella, el recuerdo de las vacaciones vividas puede actuar como una cierta terapia, ya que
en tiempos de vacas flacas, el español de a pie no puede destinar parte de sus ingresos a recurrir al psicólogo para que le libere del agobio y el stress; o nuestra Seguridad Social
tendrá que destinar parte de su presupuesto a paliar los efectos de la crisis en sus ciudadanos, depresiones, bajas laborales, etc.
Es posible que el Gobierno tuviera que plantearse financiar nuestras vacaciones en evitación de males mayores. ¡Es broma! ¿O no?