Una parte de mi argumento y credo. ¿Por qué decir y no hacer?
“¡No soy patriota! Patriotismo es la forma de religión que inventaron los que desean ser líderes de Estados, para atizar rencores y divisiones contra autoridades “establecidas” y para hacer que nuestros hijos vayan a sus guerras… Y ellos detentan el poder económico, militar y político.”
Hace poco una amiga lo observó. Dijo aportar “un granito de arena” y no lo pongo en duda, pero –a esta altura de mi vida, cuando el tiempo se me acaba, cuando sólo puedo cambiar yo, sin esperar que nada o nadie cambie (según mis gustos o expectativas) porque mi permanencia en este mundo es temporal e irremisible, me declaro hereje de tal religión manipuladora.
Según definiciones, el Patriotismo es, según Wikipedia: “El sentimiento que tiene un ser humano por la tierra natal o adoptiva a la que se siente ligado por unos determinados valores, cultura, historia y afectos. Es el equivalente colectivo al orgullo que siente una persona por pertenecer a una familia o cofradía. A la persona que cae en la exageración y /o la mitomanía en pro de defender su patria se la denomina chovinista, términos relacionados son jingoista y patriotero.”
Según recuerdo, siempre discutí aspectos históricos con mi padre. Su intrínseco patriotismo chocaba contra mi orgullo, contra mi saber de otras cosas, y el aceptar aspectos distintos a lo que se me quiso inculcar en la escuela, formando (o desformando) mis valores.
Amo a mis padres, a mis abuelos e, incluso, a mis parientes putativos, no así lo que ellos creen o creyeron por lo que les hicieron creer. Agradezco el legado nacional y nacionalista de personas desconocidas que dieron sus vidas para que Venezuela fuera libre del yugo colonialista español, pero, por otro lado, reconozco y entiendo que no fue obra de un sentir libertario, filantrópico, porque fueron movidos por intereses personales, conveniencias, deseo de prebendas y muchas cosas más y, entre ellas, la promesa de ser libres (cosa que se conquista con el trabajo productivo y el éxito financiero garantozado).
Vuelvo la mirada a esos días con papá. De haber sido sacerdote, me habría lanzado al tribunal de la inquisición, pero –porque me amaba- no habría permitido que me expusieran a la hoguera para negar o detractarme de cosas que sé son verdades.
Si pudiera probarle el acto demagógico y nepotista de Bolívar, aquel donde ascendió José Félix Ribas al Generalato y, “como premio” nombró al hijo de éste “Capitán” de las fuerzas patrióticas vivas, con disfrute de sueldo hasta el día en que se enrolara en las filas en la lucha contra el ejército español”. Ese hijo de Josefa palacios y de José Félix Ribas era pariente suyo; ya que, Simón, era sobrino materno de Josefa… (eso es parte del nepotismo).
El Patriotismo es voluntario (está profundamente condicionado en los individuos). Es un acto de adoración (por así decirlo) similar al realizado por los fanáticos del fútbol, cuando su equipo mete un gol. Por el contrario, el patriota, llora y se da goipes de pecho, cuando el rival adverso patea algún punto y cambia cualquier ventaja de goles.
No hace falta Presión Constante del estado, puesto que el condicionamiento viene desde la escuela, con cada toque de himno o fiesta conmemorativa Nacional… Es un proceso de años, décadas –para ser exacto- y despertar a esta verdad es como descubrirse sin cielo, sabiendo que “la religión heredada” no es, necesariamente, la fe que nos salva o nos absuelve.
Tardé años en descubrirme “hereje” (en lo patriótico). Investigando más, aquello del día de la Juventud (12 de febrero de 1814) resultó ser un total reclutamiento forzoso de unos 1.000 muchachos, estudiantes de colegios y seminarios de Ccs. Con el tiempo, hallé que la historia la interpreta cada historiador –y cada persona- como le parece (tal es mi caso) y, según la corriente política de los tiempos, los hechos son reinterpretados o borrados… ¡Me quedo con mis libros de Historia del Prof. Siso Martínez!
Así, siendo que muchas cosas, como hoy, que me comprueban los hechos (de que no puedo ser patriota), me recuerdo las veces que me empujan en el Metro, para que un “vivo” tome un puesto antes que yo o me saquen a empeñotes, porque unos y otros no nos esperamos como humanos, sino como bestias.
Cuando cruzo las esquinas y veo el cambio hacia la luz amarilla, me persigno y me apercibo, de aquellos (y aquellas) que pisan el acelerador, porque ellos son más venezolanos que yo, y pasarán primero… Así, actuando como actúan, sé que no daría mi vida por nadie, que no ame como a mis hijos.
No puedo ser patriota y decir: “Lucho por Venezuela”, cuando veo la cantidad de rejas y sistemas de seguridad que se compran y se instalan para “evitar” que cualquier patriota venga, me despoje y robe. Es tal la cantidad de dispositivos que tenemos, leyes inaplicables, que la gente en las verdaderas prisiones, parece como libre de nosotros: Llaves, candados y alarmas… ¡Esto no puede ser mi país! Encarcelados por el hampa y los temores, la miseria, la mediocridad e indolencia de todo rango y tenor.
Parece que fuéramos “el país enemigo” caminando a brincos entre los enemigos…
No daría mi vida por nadie distinto a mis hijos.
Olvidé comentar “el impacto” que significa que, para algunos, una nación soberana decida resguardarse de la penetración ideológica, la manipulación política y la narco guerrilla -importad y exportada.
Pienso que, estratégicamente, Colombia usará sus Bases en Coveñas (Marina), en Santander y Cúcuta (donde hay una escuela militar de artilleros), Caño Limón y Buena Ventura (en el Pacífico). Es inminente que, soberanamente resguarden Bogotá y parte de su Goajira.
Sea lo q sea, corresponde a ellos y ¡los felicito!
Esa lucha no se puede hacer “solos” y, menos ahora que se abren nuevos frentes.