El 15 de febrero de 2009 se le dio un golpe bajo a la ya golpeada democracia venezolana. Mediante argucias y trampas basadas en la omnipotencia de un gobernante, se realizó un referendum sobre un tema que ya había sido negado por los venezolanos en una consulta anterior. Esta fue mi reflexión ante esta injusticia.
Un solo minuto de silencio me voy a permitir para asumir el mal rato, porque no es tiempo de llorar ni dejarse amilanar por esta circunstancia que tras 10 años de inutilidad pretende llevar a este gran país al atraso político, económico y social como lo ha hecho hasta ahora.
Seguiremos en la lucha por la Venezuela democrática que conocimos, que aún con todos sus defectos y fallas, nos hacía sentir orgullosos y respirar tranquilos cada día.
Hoy respira tranquilo pero con un aire de indignidad, aquel que aún queriendo salir de esta locura no tuvo el coraje de plantar cara ante el poder para el cual trabaja. No te juzgo amigo/a que sabes que está mal este desbarajuste pero le creíste a quien te metió miedo y te amenazó con quitarte el pan de la boca.
Hoy respira tranquilo el que tanto ayer como hoy vive del chance de arrimarse donde hay sin importarle la patria.
Hoy respira tranquilo el que vive en la ignorancia y es presa fácil de las mentiras de aquellos que viven por el poder.
Hoy respira tranquilo el que nunca quiso esforzarse y de la nada le cae el maná del cielo, sólo pagando el bajo precio de su conciencia vendida, ejerciendo labores que ni siquiera sabe ejercer dañando el patrimonio de todos.
Hoy respira tranquilo aquel ser sin ambiciones que se conforma con estar como mosca en el trasero de la vaca; el que nunca aspira a ser la vaca y morirá oliendo el trasero ajeno.
Hoy respira tranquilo aquel a quien no le importa el futuro de sus hijos, porque el inmediatismo los ciega de tal manera que no ven más allá de los espejitos y piedritas que la poderosa indignidad reinante le ofrece.
Un minuto nada más me doy para este luto por mi país. Sólo un minuto porque mi país no ha muerto. Le tienen la espada en la espalda pero no se la han clavado.
Ya pasó el minuto y se acabó la tristeza. Comenzó la lucha de nuevo, porque las tiranías caen, siempre caen. Será una batalla tras otra. Perderemos unas, ganaremos otras. Pero los dignos hombres y mujeres que amamos la democracia, que respetamos la ley y que siempre vamos por la senda del bien, esos somos los que al final triunfaremos y le devolveremos a nuestros hijos su patria grande y bonita.
No dejen que el minuto se alargue. Saquen afuera la frustración de este momento y conviértanlo en el combustible para seguir adelante.