Mi columna semanal.
Saludos amigas y amigos. Desde este instante en con el estimado de publicar a manera semanal los días jueves, colocamos a disposición de ustedes esta columna llamada “Opinión Real en el Mundo Virtual”. Nombre poco ortodoxo para una columna, lo que lo hace una marca característica, sólo cuestionada por los profesores y colegas periodistas, pero validado por la amplitud del mismo. Que me disculpen a quienes no les convenza y le agradezco a quien lo lea. Comenzamos.
Gracias a la periodista mexicana, blogger y twittera Rosaura Ochoa (@laquesefue en Twitter, la recomiendo), me entero el día jueves 25/06 a las 4 de la tarde que Michael Jackson había sufrido un infarto. La noticia al instante me pareció un colofón para lo que era de común la vida del malogrado cantante. Enseguida tomé mi rutinaria siesta de 4:30 a 5:30 p.m.; al despertar y ver Twitter, me entero que, con la debida confirmación de varios portales como L.A. Times, CNN en inglés y el Twitter de @tmzaol y su sitio TMZ (recomendable), se había reportado el deceso; no sé si fue el estar aún somnoliento pero la impresión de la noticia me causó pesar, ya que fui seguidor del artista; de inmediato llegaron a mí cientos de pensamientos que eran “pensamientux populi”. 
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Y es que Michael Jackson era un ser vivo extravagante y en el cual se concentraba la acción dual más compleja del bien y del mal: Por un lado, los maltratos que su padre le profería (a según) le marcaron un estado infantil con el cual su adultez no supo conjugarse, fiel caso de aquellas personas que alegan que su maldad es producto del mal trato que sufrieron y por el cual han de desquitarse del mundo. Ello le hizo renegar de sus raíces, de acercarse a la sociedad real, de hacer al divismo un modo férreo de vida al cual intentaba burlar dando algunas lisonjas de sí.