Cada día parece aumentar más la explotación de los menores de edad, niños que en vez de ir a la escuela, muchas veces tienen que pedir limosna o vender chicles, para ayudar a la economía familiar; pero, por desgracia, no hacemos nada.
Hoy en día vemos la lucha contra la piratería, el secuestro, la pornografía infantil etc, etc y ¿la explotación de menores?, que pasa aquí que ni siquiera ninguna iglesia toca el tema, ni reprende a quien lo hacen; si bien es cierto que en muchos casos se podría y eso entre comillas justificar en algún momento dado, el traer el menor pidiendo limosna o vendiendo chicles para el bienestar de la “economía familiar”, en muchos otros no, ya que en esta mayoría son los padres de familia los que están obteniendo beneficio del menor, es mas ¿cuantos de estos niños son en realidad sus hijos?, por ahí se ventilaba hace poco en un lugar de un estado de la republica, que los indigentes eran repartidos por una camioneta y al termino de la misma eran recogidos, si esto ocurre con adultos, no es mas factible con los niños, los cuales no tienen los medios ni los conocimientos para defenderse.
Si realmente deseamos tener un país que progrese y que sea capaz de enfrentar los retos de este siglo XXI, debemos de empezar por nosotros los ciudadanos fijarnos bien y no tolerar situaciones como esta, que solo benefician a unos cuantos y que dañan terriblemente a nuestra sociedad, solo reflexione un momento ¿que será de estos niños y su futuro?, ¿Qué le van a brindar al país?, ¿de adultos continuarán con el ejemplo de sus padres con sus propios hijos?, existen programas nacionales e incluso mundiales que apoyan a niños de escasos recursos en sus estudios dándoles incentivos económicos, instituciones como el sistema de desarrollo integral de la familia DIF y otras tantas mas.
Sin duda este es un tema de polémica y de punto de vista, como aquel viejo comercial lo recuerda “hay quienes lo ven como un vaso medio vació, y otros como un vaso medio lleno”, lo importante es que como adultos, garanticemos a nuestros infantes una niñez feliz; pero en la realidad y no solo en un papel.