Indolencia y deshumanización. Cómo puede la guerrilla agregar al dolor físico (en caso de salvarse) más dolor emocional.
Pasaron los días y las semanas. Soñaba que me levantaba y caminaba. Pero al despertarme, sólo quedaba el fantasma de mis piernas. Es muy duro sentirlas todavía, que rascan, que pican. Y cuando me voy a rascar, no están.
Con el paso del tiempo, he aprendido a conocer este hospital. Ahora, diferencio los días de la semana por la comida que me dan. No puedo ni ver la carne: me acuerda del olor a chamusquina que quedó en el aire, después de mi accidente”. Mileinis, con apenas 14 años, fue víctima de una mina antipersona cuándo salía de su casa para hacer una tarea escolar. “Antes de pisar una mina, me miraba al espejo y veía todo normal”.
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“Cada día al despertar me miro al espejo, veo que me hace falta mi pierna y rompo a llorar”. No quiero olvidar ese momento y ruego a mi mamà que cuando se cumpla un año del accidente, me lleve al sitio donde ocurrió; que quiero estar allí cuando sean las 5:45 pm, para acordarme que en ese lugar, fue en el último que estuve con mis dos piernas. Ella me dice que no, que no me quiere ver sufrir.
Ese fatídico 9 de mayo de 2005, en la mañana, la profesora nos dijo “las niñas de quinto, por favor, se averiguan el nombre del Presidente de Colomiba, del gobernador y del alcalde”. Cuando llegué a casa, le dije a mi mamá que debía almorzar rápido, porque tenía que ir a hacer la tarea. “Milenis mija, lleve de una vez estos huevos y los vende por allá, para ver si con eso hacemos algo”, me dijo ella, antes de salir. No muy lejos de la casa, sentí deseos de orinar, y como es costumbre en elcampo me fuí a la orilla de la carretera, pero como se aproximaba un carro, me adentré un poco en la maleza, allí había un hueco tapado con hojas, lo iba a tocar pero pensé que no debía porque de pronto me caía y rompía los huevos”. Oriné, al subirme los pantalones resbaló mi pie y pum; algo estalló.me dije: “Huy, ¿Qué pasó?”, me miraba y pensaba que había pisado una mina.
Aunque siempre quise conocer a mi Tía, pero no sin una pierna, me trajeron a Bogotá. No sé de quien es la culpa, ¿tal vez de la guerra que hay en Colombia?, o quien sabe por qué. Me gusta pensar que me pasó a mí para que no le pasara a otros niños. Después de mi accidente, se han desactivado muchas minas; las mismas que hubieran pisado quien sabe cuántos niños más”.