Indolencia y deshumanización. Cómo puede la guerrilla agregar al dolor físico (en caso de salvarse) más dolor emocional.
Ha llegado a tanto el abuso de estos criminales que no contentos con reclutar niños, secuestrar y asesinar sin misericordia, de cercar los cultivos y laboratorios de coca con minas antipersona, con el fin de protegerse y proteger su fuente fundamental de financiación que es el narcotráfico para evitar la acción de las autoridades antinarcóticos; ahora suman a su interminable lista de atrocidades el cinismo de cobrar multas a las familias de las personas, niños y animales, que por error y sin intención, independientemente de resultar lisiados o muertos, activen una mina antipersona.
En departamentos como Nariño, al sur del país, las FARC y el ELN cobra a estas familias en su mayoría campesinos de muy bajos recursos económicos, la suma de uno a dos millones de pesos por la activación imprudente de los campos minados, suma exagerada para una familia de estas condiciones.
La grave situación será expuesta ante organismos internacionales de derechos humanos, pues según estadísticas gubernamentales, en 19 años las minas han cobrado 7713 víctimas de casos registrados.
Colombia, ocupa el vergonzoso primer lugar en el mundo con el mayor número de víctimas por las minas antipersona. Casi la mitad de sus municipios y 31 de sus 32 departamentos han sufrido las consecuencias de estas minas. Estos artefactos se encuentran en escuelas, a lo largo de los caminos rurales y en zonas protegidas por el Derecho Internacional Humanitario. Por lo menos 37% de las víctimas registradas son civiles y de éstas casi el 40% son niños y niñas. Los pocos que sobreviven deben someterse a múltiples intervenciones quirúrgicas, a las cuales no tienen acceso debido a sus bajos recursos económicos, además que deben cambiarlas a medida que van creciendo, causándoles inconvenientes para su desarrollo físico y emocional.
Estas palabras fueron pronunciadas por Ever un soldado campesino de tan solo 20 años.
“Me queda el consuelo de no ser el único mocho en Colombia, Desgraciadamente, uno tiene que sufrir en carne propia, para saber que es la guerra”.