La cotidianedad de los mexicanos en un contexto de confusión, angustia y miedo ante una política desconcertante. ¿Son las autoridades tan irracionales o son tan macabramente inteligentes que sus acciones van mucho más allá, hacia una redefinición de nuestra nación y de nosotros mismos?

Los fantasmas ya no están en el cine, en la televisión o en las calles de los viejos barrios: han entrado a nuestro hogar. Todos sabemos de algún familiar sin trabajo, de algún familiar o al menos algún amigo al que han asaltado. Todos sabemos de forma directa de muchas tragedias. Nos han tocado, nos han herido… Pero pocos saben (yo no) del abuso de drogas.
Ni mis familiares, ni mis amigos ni mis compañeros de trabajo las consumen, ni las trafican, ni conocen quién lo haga. Y no es que les crea a ciegas. Es que lo veo: ellos y yo estamos en una situación económica cada vez más precaria.
Pocos saben (los míos no) de este asunto del narcotráfico, y sin embargo nuestro “presidente” hace tres años nos introdujo a una guerra y nos puso a todos en estado de sitio. Yo diría que se trata de un fantasma, un monstruo…
Hoy el horrible espectro se encarna, porque la situación que hoy guardamos en México sólo puede producir problemas enormes: más de 12 millones de desempleados, decenas de millones de personas en pobreza alimentaria, niveles educativos similares a los países africanos más conflictivos, escasez de recursos naturales, paraíso de tratantes de blancas que esclavizan y explotan a niños y adolescentes para servir las perversidades de empresarios y políticos exitosos, asesinatos a periodistas, etc., etc.
Y ante todo esto la ignominia: la opulencia de una pequeña clase acomodada dueña de las empresas más importantes, coludida con los gobiernos de todos los niveles, a los que con dinero subordinan y manejan a su antojo.
En México no hay políticos, hay una clase de ambiociosos faltos de humanismo y plagados de ignorancia que se rinden ante el dinero. En México no hay empresarios eficaces, porque la lógica no puede ser obtener la mayor ganacia a costa del empobrecimiento indigno de sus trabajadores y del agotamiento de sus mercados.
En México hay una guerra encubridora; y lo que se muestra es una gran injusticia por el empecinamiento que deja entrever la proclividad de los gobiernos al entreguismo. El monstruo hoy se alimenta de la deseperación: es fácil caer en los actos ilícitos cuando te rodea la corrupción y en tu casa todo y todos decaen económica y anímicamente.
Si el monstruo sigue encarnándose, pronto en México no habrá esperanza… El monstuo que un día fue fantasma lo habremos encarnado y con ello quedaremos sometidos.