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El imperio de la pasta

La cocaína gobierna en Colombia. Los nuevos dueños del país lo compran todo. Aparece la guerrilla y la parapolítica. Realidad de un país que se desmorona.

Eran otras épocas, corrían los años sesenta y Colombia era el paraíso más maravilloso del mundo. Y no era para menos: variedad de climas, dos costas, alimentos de toda clase, yacimientos de esmeraldas, oro, San Andrés y sus islas… En fin, como decimos acá, “Colombia no tiene copia”.

Sin embargo, no deja de llegar el amargado, el que nada le gusta y siempre se opone a todo y se dañó la tierrita. Aparecen los primeros grupos armados -moda de la época que hoy por hoy se repite en Latinoamérica-, muere Jorge Eliécer Gaitán y se inicia toda una época de violencia, secuestros y desplazamientos. Aun las modas pasan los grupos armados de izquierda, parecía llegarles el fin, pero en su agonía se les aparece la tabla de salvación, la cocaína, el personaje del siglo, permitió su reactivación y otro mal que se le suma a este escenario.

La aparición de la cocaína cambia el panorama nacional: nuevos ricos, políticos y grupos armados de derecha (paramilitares) para confrontar a quien ya era su enemigo, las guerrillas, y defender a los nuevos caciques. Este nuevo elemento cambia las costumbres económicas y morales del pueblo. Los “millonarios” todo lo compran: empresas, estado conciencias, electores, tierras, en fin, son los nuevos dueños del país.

Los gobiernos actúan y en parte reducen el negocio para los inversionistas privados, el cual viene a caer en manos de los grupos armados al margen de la ley: guerrillas y paramilitares.

Armas, dinero y negocio conforman un explosivo peor que la bomba atómica, infiltran todas las instituciones, eligen alcaldes, gobernadores, cuerpos legislativos y hasta presidente, dominan territorios y actúan como fuerza pública y órganos de poder.

Ante tales evidencias es necesario iniciar investigaciones y se inicia “El Proceso Ocho Mil”, que llevó a la cárcel a políticos, senadores, contralor y que investigo al gobierno de la época; hoy esta de moda el proceso llamado de la parapolítica, que ha llevado a la cárcel a cerca del 35% del órgano legislativo del país y sin terminar arranca la farcpolítica, quienes se encuentran apoyados por grupos de la izquierda armada. A donde llegar nuestro país, la clase política contaminada y sin posibilidades de renovación, hay quienes a pesar de haber cumplido su periodo de jubilación no se retiran. Aquí se requiere una purga al estilo de las fuerzas armadas, llamar a calificar servicios a los de arriba y colocar como generales a los soldados de base.

Mi país se desmorona a ritmo de pasta de coca, como arenas movedizas y ¿quién podrá salvarnos? Alguien más que el Chapulín Colorado, la experiencia nos dice que miremos a la academia, cuantos estudiantes se preparan hoy en las universidades y con una alta dosis de análisis y sentido crítico sobre la realidad del país. Aca vale destacar a quienes venidos de allí fueron ejemplo en alcaldías como la de Bogota, Antanas Mockus y de Medellín como Sergio Fajardo, para mencionar los mas relevantes. Coloquemos nuestros ojos allí, haber si podemos retornar al país que soñamos.

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One Response to “El imperio de la pasta”

  1. felix cardenas dice:

    de todas maneras es un pais hermoso

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