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Agresividad en el volante

¿Debemos ser agresivos al volante?

Tristemente tanto acá como en cualquier lado de la República los choferes se transforman al ponerse tras de un volante y no tiene que ver la edad (primera, segunda o tercera), porque es un cambio tan radical que hasta llegas a desconocer a la persona amable, cortés y risueña con la que tienes amistad o aún más, con los conocidos o compañeros de trabajo y escuela.

Saco a colación este fenómeno por la razón de tantos accidentes que se han suscitado y siguen pasando. La persona que maneja cuando menos en un alto porcentaje, se vuelve agresiva, irresponsable o piensa que está en una de las famosas carreras de fórmula uno que por todo el mundo hay. Es una competencia de ver qué carro jala más o qué tal aguantan la emoción de pasar los topes a alta velocidad, dizque para probar la suspensión del vehículo que manejan, sin tomar en cuenta el peligro que representan para sus familiares, pasaje o transeúntes que cruzan las calles o incluso en las carreteras, aunque los autobuses tienen (supuestamente) control de velocidad, por las compañías a las cuales pertenecen los manejadores, sin olvidarnos de la regulación de SCT, y sin embargo, a algunos les vale y se exponen y exponen a los demás.

Desgraciadamente los taxistas aunque es digno un aumento en la tarifa como pide el líder sindical, sería conveniente que al darles el derecho a manejar, con determinada cantidad para pertenecer al sindicato, hacerles exámenes psicométricos  e incluso  la prueba de que no toman estimulantes para quitarse el sueño o cansancio para doblar o triplicar turno (algo así como un “antidoping”).

Y estos exámenes deberían hacérseles, para su propio bien, no sólo a los que están entrando al gremio, sino a los que ya pertenecen, porque tal parece que viejos y nuevos en el volante hacen lo mismo: rebasan sin ton ni son, por estar hablando por sus famosos “cibis” se pasan los altos y pegan cada susto a quien tiene la mala suerte de ir como pasajero, ¡ah! Y en época de lluvia se dan el lujo de bañar a las personas que se encuentran caminando cerca de algún charco en el momento en que pasan, pero, más que nada, para seguridad del propio conductor y su pasaje, porque en ambas partes hay familia y a todos les hace uno falta.  

¿Para que arriesgar vidas por el solo hecho de estar frente a un volante?

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