¿Quién nos maneja con las modas a los mexicanos?
Uno de los llamados “pecados capitales” que más dañan al individuo cuando se trata del desarrollo de su personalidad es cuando se deja dominar por otras personas: deja que dirijan su vida, modo de vestir, aficiones, decisiones y gustos.
El dejar que otras personas nos dirijan como si fuéramos títeres o marionetas, en vez de regirla nosotros mismos, de modo que podamos hacer lo que buena o malamente nos venga en gana, significa rendirse a los dictados que emiten individuos de segundo rango. Automáticamente pasamos, con esa actitud, a formar parte del 80 por ciento de la humanidad a que alude David Schwartz.
Los medios de comunicación masiva, radio y televisión (especialmente esta última), condicionan de manera subliminal —terriblemente bien planeado por los publicistas— lo que usamos en la casa, en el vestir, en el trabajo y en todo lo que signifique la gran industria transnacional, ingresos elevadísimos. Así que quien se descuida es arrastrado hasta un sórdido nivel mediocre de ingresos, logros y dicha. Su satisfacción también quedará condicionada a lo que dicte tal o cual comercial e incluso equis telenovela de gran “raiting”.
Los individuos que controlan (los de segundo rango) afirman: hagan esto, hay que hacer lo otro, etc.,y los demás, lo hacen sin siquiera chistar. Que compren el detergente azul porque ese es mejor pues tiene pintitas de azulín, el limpiador mágico o cosas por el estilo o mejorado (cambio de presentación y más caro) y de seguro va uno al supermercado y lo compra. Si, la gente del segundo rango dicta lo que los otros deben tener, como debe ser el empleo que deben desempeñar, la manera como hacer o cumplir con ese trabajo o tarea o la manera de comportarse en sus vidas privadas. En este renglón es tan grave la influencia que al mexicano le han dejado de gustar el tipo de nuestras mujeres: llenitas, bien formadas.
No, ahora la preferencia es por las flacas esmirriadas al estilo de las modelos que más parecen al prototipo de los anoréxicas (vomitan lo que comen con tal de estar más flacas que un pabilo o poste de teléfono), que de mujeres, pero eso tiene su explicación: para que la ropa pueda lucirla de acuerdo a los cánones de la moda, la modelo tiene que ser excesivamente delgada para que dé la proporción nada anatómica de 8 o 9 cabezas (tomando como base la distancia entre el mentón y la raíz del cabello). De otra forma la ropa no va a verse nada bien. Y lo peor de todo, el promedio de estatura del hombre y la mujer mexicana no va con esos cánones del dibujo anatómico porque somos pícnicos, o sea chaparros y anchos, tanto hombres como mujeres. Por eso está muy difícil que una mexicana (sin influencias de otra sangre que no sea la de nuestro país difícilmente puede aspirar a ser señorita Mundo o Universo porque no da la altura y puede que le sobre el ancho. El 90-60-90 es para las flacas, tipo anglosajón.