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Y fueron felices para siempre

Historia de una chica buena.

Soy una de esas personas por las que muchas televisoras continúan ganando dinero con el reciclaje de películas donde siempre la buena se queda con el mejor.

Durante años, mi mayor ilusión fue esperar las tardes de lluvia, escoger el mejor lugar frente a la TV acompañada de una bolsa de dulces para ver historias con finales felices. Yo, una adolescente ingenua, aferrada a las mejores cualidades y prácticas de protocolo que me enseñaron las monjas. ¡Cómo disfrutaba al ver a esas malvadas chicas robanovios, con esa ropa pegada al cuerpo, perder al héroe de la película, frente a una chica de buenas costumbres y tan dulce como yo!

Porque no importaba que ellas tuvieran más pegue, más arrastre y más citas: al final las niñas buenas siempre ganaban, siempre se hacía justicia. Las privaciones y el buen comportamiento tenían su recompensa.

Cuando crecí, como una mariposa que sale del capullo me sentí preparada para conquistar el mundo con mis mejores armas. Sólo una cosa me preocupaba: tener tiempo suficiente para conocer a todos los chicos que me acosarían cuando vieran mis cualidades casi certificadas por el convento.

Aunque mis amigas con sus minifaldas eran las más populares en las tabernas y los bailes, pero eso me tenía sin cuidado; cuando ellos buscaran una esposa para madre de sus hijos yo pasaría al primer lugar.

“Pobres, pero ellas no comprendían que así debía ser”, nunca vieron las mismas películas. Por fin me casé, elogiada por mis suegros por mi buena cuchara, la madre ejemplar y exitosa profesional que resulté. Mi esposo, ese afortunado hombre, debía sentirse muy feliz.

Una tarde me encontré de frente con una mujer vestida con pantalones ceñidos, labios rojos por el colorante, su blusa mostraba el 50% de lo que, hasta unos meses atrás en mi caso, habían sido los biberones de mis hijos, moviendo su boca al compás de un chicle que no terminaba de mascar. Esa chica mala caminaba de la mano de mi esposo.

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One Response to “Y fueron felices para siempre”

  1. celegiqui dice:

    Me encantó tu fineza para hilar el relato. Estaba llegando al final y me decía: “este texto está incompleto”. Pero cuando llegué a la última línea le das un desenlace (casi) inesperado, ya que a pesar de haber leído el título, la narración te hace olvidar del tema, para recordártelo sólo en el cierre.

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