Lotería en Venezuela y los nuevos impuestos, el pago en bolívar fuerte y el desinterés por el juego debido a los bajos premios.
Llamar a un venezolano ludópata es como no decirle nada al 80% de la población que lo es, en especial porque en nuestro país el juego de ludo no tiene mucha relevancia entre jóvenes y adultos y disculpando el juego de palabras, cierto es que casi nadie repararía de inmediato en averiguar en un diccionario esa palabra que posiblemente le defina: Un jugador.
Los mayores beneficios económicos e ínter sociales, culturales, deportivos y hasta lazos familiares venezolanos se encontraban permanente ligados a la tradición del juego. De pequeño en particular, recuerdo que mis domingos en Caracas donde vivía hasta principios de los ochenta transcurrían en acompañar a mi papá al sellado, ver las carreras de caballos, aprender los jingles de los anunciantes en las transmisiones hípicas como la de La Estancia (sólo en La Estancia encontrará…) y oír como en plena narración de la carrera Alí Khan soltaba un tosido a todo gañote.
Con el paso de los años, en Venezuela el negocio del juego legal ha luchado con la banca paralela, esto refiriéndonos solamente a la lotería, pues el hipismo es un tema ya caduco. A finales de los años ochenta y principios de los noventa era una guerra de dimes y diretes que creaban clandestinidad entre algunos osados que colocaban venta de lotería paralela y eran perseguidos y apresados hasta con los clientes que cayeran en dicha redada. Esto se hizo tolerable cuando los ilegales decidieron organizarse y tener locales para cancelar impuestos.
Allí las agencias autorizadas y las seudo-piratas comenzaron una vida común. Guerrillas pequeñas que poco a poco se fueron opacando ante el boom de las loterías y el incremento del premio del triple por parte de los nuevos banqueros a seis mil bolívares por cada diez, lo que hizo caer en letargo a los legales que seguían órdenes estrictas de las operadoras.
Llegó así la modernización y ampliación. En Aragua específicamente nació un negocio en la calle Miranda, con letrero rojo y letras blancas que un grupo de empresarios con vida económica en varias especialidades obtuvo y decidió ampliarlo copiando el modelo de las grandes franquicias que empezaban a hacer vida en nuestra nación en ramas como comida o insumos. Ellos dieron el respaldo, tecnología, estilo y organización que otorgaba seguridad a jugadores y trabajadores, su nombre: Corporación Facilito.