La mujer es el centro de la sociedad, y sin embargo no es bien valorada por la misma, pero somos nosotras quienes lo decidimos así, ya que la sociedad está formada por aquellos a quienes educamos siendo niños. Entonces debería ser una sociedad que viera a la mujer con más respeto, y donde no haya abusos en su contra y sí muchas circunstancias de igualdad.
Muchas de nosotras tenemos entendido que una mujer madura es aquella que se encuentra cerca de los cincuenta años. Claro, quienes consideramos esto probablemente tengamos de veinticinco años en adelante. Pues bien, esto de la edad es muy circunstancial, puesto que si se tratara de personas muy jóvenes, éstas podrán decir que cualquiera que pase de los veinticinco ya es vieja.
Bueno, pues retomando aquello de “mujer madura”, decidí escribir esto porque tuve la desagradable experiencia de ser abordada por un jovencito de no más de veintidós años, y que muy seguro de sí, me habla de sus grandes dotes y habilidades sexuales, de su desdén por las “niñas de su edad” que no sabían nada, pero él a pesar de padecer del mismo mal, era “muy hombre”, y claro, finalmente me dice que a él lo que le gustaba eran las “mujeres maduras”, ya que ellas eran las mejores en la cama. Poco me faltó para mandarlo muy, pero muy lejos de ahí, y creo que saben a qué me refiero.
Pero dentro de todo, lo único acertado de su parte fue aquello de la experiencia, aunque también lo que me sacó de mis casillas fue que considerara que yo era una mujer madura, y no porque sea yo muy susceptible, sino que tengo apenas 33 años, y así, de repente cuando jamás en mi vida me habían dicho “madura” (claro, con excepción de lo que mis papás alguna vez me dijeron cuando fui adolescente, y no como adjetivo, sino como una clara exigencia), vino a mi mente ese concepto del que les hablaba al principio, la mujer que ronda los cincuenta años, y que por desgracia pues también implica que no todo se encuentra precisamente en su lugar. ¿Y cómo? ¡Si cincuenta años no pasan en balde! Aunque también he visto muchas que andan por esa edad y ya quisiéramos llegar como ellas a esa edad.
Y bueno, después de aguantarme las ganas de desaparecer al niño en cuestión y darle una reeducada, me hizo reflexionar al respecto, ya que caí en la cuenta de que independientemente del concepto erróneo y absurdo de este sujeto (el cual espero alguna vez corrija su camino y sepa tratar mejor a las mujeres), me hizo preguntarme: ¿Cómo era posible que las cosas nunca cambiaran? ¿Por qué, entre otras cosas, para los hombres, primero somos irresistibles por nuestra experiencia; y cuando ya pintan algunas canas y a veces sin ello, pasamos a segundo o último plano ya que lo único que quieren es a esas niñas bobas sin experiencia, (según ellos) de las que alguna vez huyeron, y que no quisieron cuando eran jóvenes?