El carácter italiano en general.
Me disculpará el lector que yo realice generalizaciones, pero comprenderá que no puede existir ciencia donde no se generaliza, y en especial en la Sociología Jurídica. Lo menos a lo que pretendo ser reducido es a que se me considere que parto de estereotipos comunes y corrientes. Mi objetivo, como en todos los capítulos de mis Memorias es de relatar meramente cuestiones que he observado, con un fin meramente anecdótico, nunca didáctico… ¡ni mucho menos científico!
Así pues, toda esta serie de telarañas racionales de las que ha está plagado este apendice de capítulo, o como dicen vulgarmente los españoles “puñetas mentales” no sirve de nada si no hay resultados… y eso lo entienden muy bien los italianos. A las cosas serias no vale dedicarles tiempo si es que no hay “un sacco” de dinero de por medio.
En Italia nunca percibí esa obsesión por vivir como parte de un engranaje social, en una máquina de precisión teórica y práctica, nunca percibí el sentido de orden y de sincronia que vivo en Alemania.
Y es que la flexibilidad que tienen los italianos en sus métodos, jamás podría congeniar totalmente -in absoluto- con los sistemáticos métodos de las estructuras francesas o el rígido y mecánico proceder alemán. Sin embargo, la estructura social italiana -a mi parecer- se basa más en criterios de conveniencia e interés que en un seco proceder orgánico, sistemático y funcional. En Italia importa “lo que conviene” y no “lo que funciona”. De ahí el culto al dinero que tienen los italianos y que no he visto en sus vecinos francoalemanes, ni tampoco he visto mejores negociadores en el plano personal que los italianos.
Esto se ve reflejado en los mecanismos jurídicos tradicionalmente italianos y la creación de múltiples instituciones que dejan ver, en muchos casos, la total discresionalidad que se deja a las personas físicas o morales para concluir un contrato, para poner fin a una disputa a través de vastísimos procedimientos de mediación, o para lograr la ejecución forzada de una sentencia por ejemplo. Esto es lo que ha hecho que Italia no crezca al mismo ritmo que sus vecinos franceses y alemanes, y esto, sin duda, obedece mas a aspectos históricos y culturales de la personalidad italiana que a estrategias legislativas de gobierno. Las estructuras administrativas italianas operan eficientemente solo cuando conviene al Estado y cuando no … uno se pierdera en los infinitos pasillos de su burocracia. Y es que con dinero en Italia, uno tiene una alfombra roja en cada paso que da. Y como acertadamente dice mi amigo salamantino Tomas: “los italianos se dejan facilmente deslumbrar por la apariencia, tan es así que basta ver el culto que tienen a los objetos de lujo y de marca”. Los principios de Igualdad, Libertad y Fraternidad franceses solo llegaron a Italia de la forma más barata e hipócrita posible.
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