Trabajo precario, salario ínfimo y malas condiciones laborales.
La sociedad actual es la sociedad del miedo. La mayoría de trabajadores, los asalariados, tienen miedo de perder su empleo y con ello el coche, la casa y su nivel de vida. Otra cosa seria hablar de la calidad de vida.
Todas las mejoras que las clases asalariadas consiguieron desde la revolución industrial, que costó varios siglos, se han ido cayendo de un plumazo por el sistema económico actual. La innovación tecnológica que tenía que traer una mayor productividad y liberar de cargas a los empleados ha provocado que el hombre se tenga que ajustar a los ritmos de la máquina, que no les son propios.
Como decíamos, las mejoras conseguidas por las clases sociales han obtenido como respuesta empresarial la desregulación y la flexibilización de las condiciones laborales, ajustando este control a través del mercado de trabajo, es decir, el desempleo.
Entonces, ¿qué hace ahora el mundo con los que le sobran?, ¿Qué solución hay para los que no le son útiles? Desde todo tipo de organizaciones mundiales nos afirman que la delincuencia esta aumentado, sobre todo la juvenil. Lo que no dicen es que estos jóvenes son aquellos que no tienen otra salida, aquellos que no acceden al mercado laboral atiborrado de mano de obra barata que ellos mismos se han ocupado en crear.
La injusticia social es la madre de la violencia. Siempre se va al problema molesto y nunca a la raíz, y mientras tanto las cárceles están llenas de pobres, los ignorados. Por su parte y desde su sillón en Wall Street se decide el futuro de los Países y las gentes que lo habitan.