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Cuatro millones de desempleados en España

Estamos hablando de un país de casi cincuenta millones de habitantes. Un 26% de personas activas sin poder encontrar siquiera un puesto de trabajo precario…

Ya tenemos las cifras más recientes relativas a la situación laboral de España. Más de cuatro millones de gente desempleada. Este desgraciado estatus tiene visos de ir creciendo con el devenir del año, corriendo el riesgo de finalizar 2009 con la nada idílica cifra de los cinco millones de parados. De los 4 millones, 1 millón, o sea, una cuarta parte de la estadística, son inmigrantes.

Y también en un millón de hogares no hay un sólo miembro que pueda aportar cantidad ninguna a la necesidad común de la familia. Un verdadero drama a nivel nacional. El Gobierno, los aláteres. abraza farolas y estómagos satisfechos que siempre aplauden la sonrisa beatífica y simplona del señor Zapatero sostienen que esto es debido a la grave crisis mundial. Según el recientemente nombrado tercer vicepresidente, el señor Chaves, antiguo Presidente de la comunidad de Andalucía, estamos hablando de la Crisis de las Crisis, de la más históricamente profunda de toda la era de la humanidad.

Justo es reconocer que este señor ha sido durante muchísimos años el Presidente sempiterno de Andalucía, una de las regiones que siempre ha comandado el listado nacional de más parados y a su vez más ayudas ha acabado recibiendo del Estado y de la Comunidad Europea.

La situación es mala. Pésima. Es innegable que está azotando a todos los países más desarrollados del mundo, puesto que los subdesarrollados ya estaban sufriendo todo tipo de necesidades desde que el hombre es hombre. El tema es que el gobierno actual, cuando entró en su primera legislatura hace cinco años, se encontró con unos cuantos graneros bien llenos. Estaba la sociedad viviendo de las vacas gordas, sin pensar en unas futuras vacas flacas.

Y como al antiguo pueblo egipcio, esta época ha terminado por aparecer. Y ha pillado al ciudadano común y corriente sin haber ahorrado lo suficiente, pues se pensaba que los pastos del ganado estaban bien surtidos. Todo el mundo se apuntó a la hipoteca de un buen piso de cuarenta millones y subiendo millón tras millón cada dos meses. Que cada miembro de la familia tuviera su propio vehículo. Disfrutar de unas suntuosas vacaciones en el Caribe cada veranito. Vestuario y complementos de buena marca. Y todo tirando de la bendita tarjeta de crédito. Se pensaba que el trabajo era fijo y que nunca habría despidos libres o expedientes de regulación de empleo en las empresas. Que las multinacionales cerraran fábricas en el país para trasladarlas a otros países con mano de obra más rentable para sus intereses. Que por fin la burbuja de la construcción de pisos iba a hacer “pof”, quedando proyectos sin hacer y por tanto, creando con ello ya un buen número de desempleados.

Ahora no queda más que mirar cada céntimo de euro y dólar. Desprenderse de todo lo innecesario. Venta de coches. De videoconsolas de última generación. Retirada de la televisión de pago. De apuntarse a los gimnasios. Pensar en que la ropa que tengamos en el armario nos durará el año siguiente. Comprar los productos básicos de gama blanca de los supermercados. Olvidarnos de unas vacaciones placenteras en el quinto pino, centrándonos en conocer mejor nuestro propio país, que es está repleto de parajes bellos y económicos, recurriendo al senderismo, etc…

Apretarse el cinturón es lo que nos queda al ciudadano común. Y rezar por no perder el empleo, y si acaso esto acontece, que siga habiendo dinero en el saco del tío Zapatero para que la gente desocupada pueda al menos seguir contando con la pensión del desempleo.

Porque como la seguridad social haga crack, entonces si que la situación será la peor desde que Adán conociera a su deliciosa Eva.

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