Este gran sabio no sólo dejó un legado científico sino también enseñanzas para la juventud que, pasado el tiempo, siguen vigentes; compartamos sus ideas sobre la escala de valores que es necesario mantener para una vida plena de satisfacciones para sí mismo y para la sociedad.
El valor de una auténtica conducta personal
Albert Einstein solía exhortar a que los jóvenes no confundieran la importancia de los valores éticos, que permanecen inmutables, con las novedades e impactos perecederos de cada época, a menudo impactados por la moda y lo superficial.
Este concepto, entre otros, fue resultado de sus propias reflexiones sobre la vida cotidiana y la condición humana, ya que era un hombre muy observador y tomaba buena nota de lo que veía y entendía.
Nadie, entre quieres lo admiraban y aun entre quienes lo denostaban, pudo jamás negarle a Einstein una humildad ejemplar para con su propia vida.
Este gran sabio y ser humano sabía distinguir entre la conducta de una persona y el conocimiento que ésta pudiera tener.
Sabía que hay quienes tienen conocimiento y son excelentes personas, pero también en algunos casos el saber da una sensación de superioridad que se expresa a través del intento de ver el mundo desde un pedestal imaginario.

El creador de la Teoría de la Relatividad, dada a conocer en 1915/16, en medio de la Primera Guerra Mundial, expresó una vez que la desaparición de algunos obstáculos relacionados con los prejuicios a través de la ciencia no implicaba que se haya ennoblecido la existencia social e individual, advirtiendo que junto a esta acción negativa la búsqueda de una estructuración ético-moral de la vida en común es de importancia vital.
Esto ocurre pues la ciencia va ampliando nuestro horizonte y lo que creíamos son impedimentos en nuestro camino a una vida mejor van siendo superados.
De esta forma, el gran sabio se dirigía a la juventud, hablando sobre la necesidad de una cultura ética, explicando que en este aspecto no hay ciencia que salve al ser humano.